DIEGO LANCELLOTTI

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“Estudié ingeniería en la Universidad de Morón y al mismo tiempo trabajaba con mi viejo en su empresa de Luján. Siendo muy joven aún, fui padre de tres hijos maravillosos. Hoy ya son grandes y han formado sus familias”.

Diego Fernando Lancellotti, 58 años, ingeniero electrónico y empresario. En pareja con Verónica Martignoni (49), diseñadora de modas. Tres hijos de su matrimonio con Mónica Vola Buscalia (57), ellos son Sebastián (39), ejecutivo empresario; Diana (38), médica neumonóloga y Guido (29) publicista. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, sus experiencias, sus gustos, sus cosas…

¿Tu familia…?

Soy el único hijo de Juan Carlos “Gaucho” Lancellotti, que falleció trágicamente en un duro accidente vial, el 4 de setiembre de 1989, en el que también perdió la vida su amigo y abogado Oscar Glineur en el partido de Arrecifes. Mamá, que también viajaba con ellos y salvó milagrosamente su vida, es Haydeé Ilda Ronanduano,  a quien todos conocen por “Pochi” y es jubilada bancaria. Hoy ella se halla en pareja con Fernando Eyssartier que es mi socio en la empresa de construcciones que poseemos. El pareja de mi hijo Sebastián es Soledad Ferraris y son los papás de Milagros (6) y Bruno (2). Diana (38), con Ramiro Rivas son los padres de mis otros dos nietos, Bautista (3) y Benjamón de diez meses. El menor de mis hijos Guido, no tiene pareja, al menos es lo que sé. Mis tres ahijados son Fernanda Traverso, hija de Guillermo y Estela Siri; Hernán Campero, hijo de Martín y Patricia Vola Buscalia y Pilar Respuela, hija de Marcelo y Mónica Ghiglione.

¿Tu barrio de nacimiento…?

Cuando nací y por los primeros cinco años más o menos, vivimos sobre lo que hoy es la Avenida de los Inmigrantes, que era entonces la Ruta Nacional Nº 5, en el Km. 97, lugar que más adelante y cuando nos mudamos a calle 26 entre 43 y 45, papá convirtió en una exitosa y  muy concurrida confitería llamada “JUCALÁ”, ( Juan Carlos Lancellotti). Mis amigos y compañeros de juegos en calle 26 eran entonces “Lolo” Suárez, “Beto Gallo”, aunque en verdad mucho de mi tiempo estuve en lo de mi abuela paterna, “Chinita”, al que llamábamos el de la “23”, porque allí estaban los Respuela, los Uncal Basso, los Révora, los Villalba y muy cerca también Daniel Silva y otros. Jugábamos mucho a la pelota en la canchita del Colegio San Patricio entre otras diversiones y algunas travesuras.

¿Hubo límites en casa…?

Los hubo y pese a que mis padres estaban mucho tiempo fuera de casa por sus trabajos, papá que lo hacía en la ciudad de Buenos Aires ha sido el qué se encargó de marcarlos, pero debo reconocer que además siempre me apañó y mucho y hasta fue mi compinche. Mamá por su parte, ha sido muy comprensiva y siendo el único hijo, volcó todos sus esfuerzos para mi educación y crianza.

¿Sabés el por qué de la falta de hermanos…?

Sé que antes de nacer yo, mis viejos perdieron un embarazo y quizá por la salud de mamá en aquellos momentos, no llegaron otros. Muchas veces me han preguntado si me hubiese gustado tener hermanos y yo respondo que sí, aclarando que no he sentido la necesidad tan pronunciada, al tener muchos primos y eso suplió con creces aquella falta.

¿Tus estudios…?

Desde el  Jardín de Infantes, pasando por la etapa de primaria y luego el secundario, pasé en el Colegio San Patricio. Allí, algunos de mis compañeros han sido Martín Barnetche, el “Pato” Delfino, Lucio Uncal, Jorge Ferraris, Guillermo Henández, Daniel Silva, Marcelo Respuela, “Chiquito” Ducó, Adrián Uncal Basso, Fernando Rossi…(siguen). Por el lado de los docentes, tengo presentes a todos o casi todos de las distintas etapas, comenzando por “Marianto” Viganó en jardín, “Mery” Zamorano, “Nenín” y “Nina” Filippi, Carlos Fiorelli, Lidia Rodríguez, el “Lechón” Iribarren, “Beto” y “Fofo” Condesse, “Pirucha” Puoicelli… (siguen) y los religiosos Quinn, Peter, Ryan…(siguen).

¿Has sido buen alumno…?

Yo lo dividiría en dos partes. Durante la etapa de primaria, sin hacer gala de ello, digo que sí, porque tuve facilidad y con poco esfuerzo lograba muy buenos resultados. Para ser muy franco, en la secundaria las cosas cambiaron un poco, ya que mi facilidad no resultó más de una vez suficiente para sortear obstáculos y debí rendir materias. Te cuento que en el último año, el 5º, me llevé dos materias a examen, Física y Química, pero sin duda alguna fue por “vago”. Recuerdo que cuando preparé las materias para rendirlas y me presenté, una de las profesoras que integraba la mesa, mientras oía mi exposición me felicitó por la forma de hacerlo y dijo algo así como “…por fin examinamos a alguien que sabe y lo hace con un lenguaje amplio y muy correcto…”.

¿Tu barra de amigos, salidas y todo eso…?

Somos muchos, pero para nombrarte a algunos te hablo de Martín Barnetche, Adrián Uncal Basso, el “Pato” Delfino, Lucio Uncal, “Jimmy”Anderson, “Quique” Capozzolo, Gabriel Punte, Julio De Bonis, Mario Allaga, Pedro Bramajo, Gustavo Calderón, Jorge Moussegne, Alcidez Cruz, el “Gordo” Aristi, el “Tano” Antonio Angelucci, “Cacho” Laporta, Gustavo Luza…(siguen). Te cuento que hace 30 años, nos comenzamos a juntar periódicamente y de a poco el grupo creció hasta un número más que grande. Esas reuniones nos permiten ponernos al día y saber de todos un poco, para estar informados.

¿Cómo recibiste la noticia del accidente de “Gaucho”, tu viejo…?

Estaba en la ciudad de Buenos Aires, trabajando para una empresa subsidiaria de OCA y viviendo con José Almazán en un departamento de French y Coronel Díaz, ultimando los detalles para llevar conmigo a mi familia, mi esposa y madre de mis tres hijos. No puedo decirte cómo fue, pero al llegar después de cenar con Gustavo Calderón, un vecino que tenía teléfono fijo, nos avisó del accidente. Viajamos con poco más de esos datos hacia Arrecifes y en el camino me supuse lo peor, lo que al llegar comprobamos. Mamá, que normalmente no viajaba con papá, ese día sí lo hizo y como consecuencia del episodio estaba internada. Fue muy duro, ya que Oscar (Glineur) que conducía su Coupé Fuego cuando llovía torrencialmente, impactó el auto con la parte trasera de un camión parado sobre la calzada. Ambos murieron y mamá, como dije se salvó de milagro.

¿Por qué seguiste ingeniería…?

Tuve siempre facilidad para las ciencias exactas y rechazaba las humanísticas como historia y todas esas, de manera que al terminar el secundario, a fines de 1976, comencé ingeniería en la Universidad de Morón, ya que Buenos Aires estaba atravesando momentos muy feos y la UBA no era la mejor elección. Te cuento que nunca dudé nunca de lo elegido y si bien mi comienzo en la universidad había sido un poco por hobbie, el bichito prendió y no dejé de estudiar en ningún momento, mientras trabajaba en la Fábrica “La Flor” en Luján, que papá había comprado cuando dejó de su carrera en el Banco del El Oeste. A todo esto te cuento que para entonces y tras cursar el primer año en Morón, me casé con Mónica Vola Buscalia y tras el cierre de “La Flor” tomé con mucho ahínco los estudios pendientes, tanto que entre los últimos meses de 1986 y los primeros de 1987, rendí y aprobé 11 materias.

¿Qué hiciste entonces...?

Ya recibido y trabajando con mi viejo en la Compañía de Seguros del Interior en 27 y 18, pasando luego a 27 entre 26 y 24, frente a la plaza San Martín, surgió la oportunidad de comenzar a trabajar en una empresa propiedad de Alfredo Yabrán, que para ese tiempo se estaba expandiendo de forma exponencial.

¿Qué hacías…?

Lo primero fue en una subsidiaria del grupo al que ingresé en la parte de control de calidad, pasando al mes siguiente a la gerencia del área y después a la gerencia de repuestos, para recalar en la gerencia técnica En eso estuve dos años y se formó un grupo de trabajo en el que participé y trabajé en la administración de varias de las empresas hasta el año 2002. De allí en más, hice un poco de todo, instalando equipos de aire acondicionada por ejemplo, brindando además el servicio de mantenimiento necesario. Eso para empresas, oficinas estatales o comerciales y etc. Hoy además, trabajo junto a quien es pareja de mi mamá, Fernando Eyssartier, habiendo conformado una empresa constructora.

¿Cuándo te separaste de Mónica, la madre de tus tres hijos…?

Cuando dejé mis trabajos en Buenos Aires, en 2002, decidimos la separación, habiendo estado casado desde el 14 de enero de 1978. No obstante, mantenemos muy buena relación y nos hablamos y encontramos siempre, tanto que se tratan de igual a igual con Verónica.

¿Dónde conociste a Verónica…?

Estamos juntos desde 2005 y pese a que la conocía, nos tratamos más profundamente a partir de un torneo de golf a la que invitó Gustavo Calderón y se disputó en Chacabuco. Ella es porteña del barrio de Vila Devoto y hoy convivimos en nuestra casa de la zona del Acceso Sur.

¿Cómo son tus hijos…?

Sebastián es inteligentísimo y a la vez muy vago. Demoró su carrera de Comercio Exterior por los deportes que practica. Diana es aplicadísima y brillante en su profesión.  Por su lado Guido es un bohemio de aquellos y hace lo que le gusta, cambiando de una cosa a la otra. Los veo con frecuencia y ahora nos juntaremos en la costa para las fiestas. Sebastián vive con los suyos en Concepción del Uruguan (ER), Diana con su familia en Mar del Plata y Guido en Miramar. Los tres son excelentes hijos y padres, estando yo orgulloso de ellos.    

FUERA DE JUEGO

Soy hincha de Boca y me encata el juego que practico, el golf.

Me gusta cocinar y creo hacerlo bastante bien. Me gusta probar todos los platos que se puede, pero uno es en especial que más disfruto, la cazuela de mariscos y el vino tinto, que de poder elegir sería el “DV Catena  Malbec- Malbec.    

Tengo varios amigos de las distintas etapas de la vida. Uno especial es Adrián Uncal Basso.

Soy meticuloso y perfeccionista, lo que me hace algo molesto para otros. Tardo a veces en tomar decisiones, precisamente por esa forma de ser.

Creo tener el don de la amistad. La profeso y no me ha ido mal en ese sentido.

Verónica es excelente compañera, muy generosa y llena de amor y cariño.

Su fuerte carácter y por veces su impaciencia, suelen jugarle en contra.

Me hubiese gustado estudiar Física Nuclear en el Instituto Balseiro, pero eso no llegó en su momento y quedó pendiente en mi vida. 

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Hector Espina

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