Teatro/Cine

Teatro/Cine 24

Publicado en Teatro/Cine Escrito por Octubre 13 AM 0

Por: Marcelo Melo

La actriz Lelé Fal volvió a escena con una propuesta denominada “Juego de Tramas”. Y volvió nada más y nada menos que junto a su nieta Paula –hija de Lucas e Ileana-que logró volver a hacerla sentir felíz. “Fue cumplir un segundo sueño. El primero fue compartirlo con Carolina al hacer Tres teatros tres, cuando recién comenzaba su carrera en Buenos Aires. Tenía la pasión un poco apagada y Paula me la despabiló” contó. “Lucas era un gran admirador de sus hijos, y un gran amador, debe estar festejando en donde esté”.

A pedido del público, este sábado volvió a presentarse el proyecto de LiteralMAMMbo, “Juego de Tramas”, propuesta conocida el último sábado 23 de septiembre y que ha sido reconocida por el público visitante. Y justamente ha sido el público el que pidió por la repetición del evento. Si bien en el último Festival de la Poesía y la Palabra los Literales reflotaron uno de sus eventos mensuales ya presentados -fue el Homenaje a Violeta Parra-, ésta fue la primera vez que lo harán a pedido de quienes no pudieron asistir a la presentación oficial de las tramas.

Con cupos reducidos en sus tres funciones, se volvieron a ver las seis representaciones teatrales con nueve actores en escena, que los directores han recreado a partir de los textos escritos inspirados en seis obras del patrimonio del Museo de Arte de la Municipalidad de Mercedes.

 (Una montaña de tramas)"¡En la próxima actúa Lelé, señor!" Deberían frenarnos ahí mismo y llevarnos afuera, de los pelos. Lelé Fal deberá ser nuestro límite. Podrán pegarnos lo que quieran y como quieran todas las tramas anteriormente cursadas. Podrán mostrarnos los dientes e intentar quebrarnos. Pero Lelé (Gracias por volver, Lelé), será nuestro “hasta acá”. Con la dirección teatral de Carolina Ezcurra sobre texto de Eliana Ramponi, la actriz más querida de la escena local se vestirá con la paleta de Judith Ghiani y actuará junto a su nieta, Paula Fal, la escena más maravillosa jamás vista en mucho tiempo. Lelé, gracias por volver, deberían decirnos que digamos. Solemne, controladora y astuta, la pequeña gran actriz dejará en claro que no por nada estará allí, provocando angustia y desolación en su abuela real, la de todos los días, la de las fuentes de vidrio con caramelos. “El golpe será bajo”, nos tendrían que decir y permitirnos escapar para no sentir tanto dolor. Por Juan Ferrandis

Excelente propuesta llena de arte, en la que el regreso a las tablas de la señora Alicia (Lelé) Falabella de Fal –en este caso acompañada por su nieta, Paula Fal, en su debut absoluto-rompió todos los moldes.

Y tanto conmovió la puesta en la que actúan Lelé  junto a Paula, que quisimos entrevistarla. Y escucharla (leerla) a Lelé, también conmueve.

“Prontamente en mi vida, me di cuenta que mi métier era la palabra. La palabra en el teatro. Me sedujo de muy joven y no busqué más”.

-Seducción,  que te llevó a hacer una presentación en el MAMM…

- La repercusión de todo el espectáculo ha sido muy importante. Lo que ha hecho el Literal MAMMbo con esta convocatoria a poetas para que escriban sobre cuadros que estaban expuestos  y después a directores de teatro para que creen una escenificación en 10 min sobre ese poema  que hubieren elegido, hizo de Carolina Ezcurra, amiga e hija mía en la escena, ahora directora brillante, viniera a decirme que quería que la acompañe en esto. Desde la ausencia de Lucas, no pude volver a hacer teatro. Mucha gente que ha perdido un hijo, sabe que se te cortan las alas.

Pero cuando Carolina viene con esta posibilidad, que era una función solamente y se acaba. Era solamente diez minutos. Era acompañarla a ella que tanto me ha acompañado en todos los sentidos de la vida. Nos pusimos a leerla, y el poema que me plantea, es de Eliana Ramponi, sobre una obra de Judith Giani, también unida a mí desde Bernarda Alba. Hubo como un conjuro que nos relacionó. Desde distintas vivencias, y momentos de la vida.

Comenzamos a leer el poema  con Carolina, llamado “La Otra”, intentando desdoblarme entre mi otro yo, y mi ser actual. Era muy difícil cambiar de personaje de manera sucesiva y continua. Llegó un momento en que dije que esto sería un papelón y le propuse a Caro no hacerlo. Ella me dijo que me haría una propuesta, que quizás me haga pensar que estaba loca. Pero me propuso decirle a mi nieta Paula para que haga de la otra. Si me hubiera regalado una caja con los mejores bombones y un hermoso ramo de flores, no hubiera sido más feliz, ni más agradecida con esa posibilidad. Me encanta que a Paula se le presente esta oportunidad. La veo con posibilidades actorales interesantes. Paula por su naturaleza y por las cuestiones de la vida, es mucho más madura que cualquier otra chica de 11 años. Es una realidad. Pero es muy seria en todo lo que asume, muy estudiosa, responsable, preocupada por todos sus familiares, muy atenta.

 Nos pusimos a trabajar durante dos semanas, engañamos a toda la familia. A nadie le dijimos que actuaba Paula, ni aún de la organización. Causó una excelente impresión, fundamentalmente la presentación de ella.

El tiempo demuestra que hay una cantidad de gente amorosa que decide acariciarte. Y soy una agradecida. Y te premian con halagos que superan a la obra que has hecho. Lo digo por Juan Ferrandis que escribió cosas hermosas y nos acarició con un escrito precioso. Ha salido bien. Todo pasa porque hay un orden mayor. Hay cosas que se te cruzan por el camino. Está en uno, si aceptarlo o no. Paro también hay como un mandato que viene de otro lado, en el que creo, y estoy seguro que si Lucas estuviera acá –siempre pienso en qué diría él si estuviera- me estaría diciendo que la llame a Paula. El era un gran admirador de sus hijos, y un gran amador. Y debe estar festejando en donde esté.

-¿Qué sentís poder haber compartido el escenario con tu nieta Paula?

- Fue cumplir un segundo sueño. El primero fue compartirlo con Carolina. Cuando ella tenía 16 o 17 años, nos convocan a hacer “Tres teatros tres”, que eran tres obras cortas, y en una de esas pude compartir escenario con ella, cuando Carolina recién comenzaba su carrera en Buenos Aires. Me di ese gusto, y ahora me estoy dando este. Es maravilloso. Compartir la pasión es muy importante. Yo la tenía un poco apagada y Paula me la despabiló.

-Pero hay o hubo algo que te ha hecho pensar de nuevo…

Esto no implica que me ponga ahora o pronto a hacer una obra de teatro. Más allá de con Paula o sin ella. Eso ya es otro compromiso, que no sé si es por la edad, que uno va cumpliendo años y la situación de tensión nerviosa que me generaría memorizar mucho texto. No sé. Pero es como cuando alguien sabe que pinta bien. Yo sé que me sale bien actuar. Y he probado que me sale bien la tragedia, pero me sale muy bien la comedia. Y hago reír mucho. Y esa es la parte que va a quedar ya guardada en una cajita con un moño azul como dice Eladia Blázquez en un tango. La parte de hacer reír. Porque muchas ganas de reír no tengo, no me han quedado. Si me divierto con mis nietos y si tengo mi espacio de vida saludable con toda mi familia y mis amigos. Pero creo, no me subiría a un escenario a hacer reír.

-¿Qué te generó verla a Paula actuando a medida que la obra comenzaba a rodar?

-Mientras actuamos, no la miro a Paula nunca. Está atrás mío. Es como la voz que me atormenta. Ni siquiera me paro de donde estoy sentada. Estoy esperando ver lo que han filmado. Si vos me preguntas qué me dicen esas fotos (repasamos fotos de la obra) te digo con mucho orgullo, satisfacción, y pidiéndole disculpas a ella, me veo yo a los 14 años, haciendo de heraldo para la señora de Milesi cuando hice mi primera aparición en el teatro. Así, un palito flaco, con mucha fibra. Tenemos la misma impronta en el escenario, Carolina, ella y yo. Nos paramos y caminamos el escenario igual. Esa manera que se ve en la foto, es como verla a Carolina también.

En las fotos, se la ve siendo mi otro yo. Donde me reclama de haberme olvidado de ser feliz. De haber cometido ese pecado viviendo una vida ficticia. Es lo que ella me reclama. Y yo tratando de justificarme. El poder en esos 10 minutos de esa obra, lo tiene Paula.

-Una obra muy fuerte…

-Sí. Para los 11 años de ella. Ha salido gente de ver la obra y me decían, apretándose el puño contra el pecho, que les había golpeado muy adentro. Es muy fuerte en ese sentido. No hay que mirarse solo al espejo, sino que hay que mirarse para adentro, que se puede llegar a tiempo, y darse cuenta que ya a los 40, o 50, debo empezar a ser feliz. ¿Por qué no programo eso que tengo pendiente desde hace tanto tiempo? ¿Por qué no hacer lo que nunca hice? Nunca es tarde. Todo ese planteo que los libros de autoayuda hacen. Tienen una base verdadera. No es tarde para encontrarse y para darle salida a talentos que quizás quedaron ahí guardados por temor o frustración.

El teatro, para los que lo hacemos,  es curativo. Nunca he sido consecuente con tratamientos psicológicos ante una problemática de los chicos o de un familiar. Tengo una excelente psicóloga que cada tanto la llamo y le digo que necesito ir un tiempo. Tengo un nudo que no puedo resolver. Mi temperamento no es depresivo, nunca he necesitado un tratamiento prolongado. Voy a resolver una situación junto con alguien. Y cuando llego, lo primero que me pregunta en los 20 o 25 años que me conoce, es si estoy haciendo teatro. Yo entro diciendo que Lelé se fue, no está.  El teatro cura, exorciza el dolor, permite vomitar la furia. Tanto al que lo ve, como al que lo hace, logra decir un texto creado por otro, pero con la potencia de la bronca interior que uno puede tener adentro. Por eso al teatro lo amo entrañablemente.

Una vez alguien me dijo: “caminas el escenario como si fuera el patio de tu casa”. Es así. No tengo frente a la escena inhibiciones ni trabas. Me siento plena. Haciendo para lo que vine.

En algún momento, la vida nos pegó un susto increíble con Celina –su hija menor, psicóloga- que se llevó por delante un vidrio. En ese momento, en la desesperación de la cualidad del accidente, en la desesperación mientras la operaban dos o tres médicos -y esta es la relación con el teatro- en la capilla, prometo no hacer más teatro si Celina volvía a sonreír. Una familiar, me manda a un sacerdote a charlar, y me dice que se enteró que había hecho una promesa de no hacer más teatro. “Pero usted sabe señora que va a tener que cambiar esa idea, porque uno no maneja los talentos que Dios nos ha dado. Haga promesa con alguna otra cosa. Pero a los talentos hay una obligación de donarlos, para eso le fueron puestos. Usted no puede privarse y privar de esa posibilidad. Haga una cosa peor”. Y yo me preguntaba qué podía ser peor que dejar de actuar. “Téngale paciencia a alguien insoportable, sostenga una relación”. Tenía una tía muy difícil en ese momento, y había que tenerle paciencia. Eso es una promesa. Soportar en una relación, alguien que nos cuesta, que la amamos, pero que nos cuesta. Ahí fue que pedí disculpas y volví al teatro.

¿Sos creyente?

-Soy creyente. Lo pensé porque nunca fui muy práctica. Como dice Porchia: “Nunca he creído en ti, pero siempre te he amado tanto”. Esa es la sensación que tengo, me cuesta creer, pero lo tengo presente.

Y cuando nos pasa lo que nos pasó, si no te aferras a creer en un plan divino, se vuelve insoportable la vida. No te alcanzan las respuestas de que esto tuvo que ser así. No te conformas. Me acuerdo de una frase que leí que decía algo así como “Se Dios mío que esto que pasó estaba en tus planes para mí, pero por favor dótame de las armas necesarias para sobrellevar este cambio”. Soy muy dura, muy fuerte, me rompo sin hacer ruido. Lloro poco en la vida. En el escenario, lloro todo. En ese sentido, la religiosidad, Dios, las señales que uno recibe, la espiritualidad, creo que no puede perderse todo cuando alguien tiene que ausentarse para siempre. Lo espiritual, debe quedar, queda en el ambiente, uno lo siente, uno ve señales, hay que buscarlas porque es una manera de aferrarte al ser amado, pero es maravilloso a la vez.

La vivencia con Paula para mí fue enviada y la disfruto. No lo vivo con amargura. Lo disfruto con ella. Creo que es la primera vez en dos años casi, que pude decir “hoy fui feliz”, que fue el día que hicimos la obra.

-Imagino, haciendo comparaciones, que tus inicios en el teatro no han sido tan simples como a Paula hoy…

-Quien me invita a entrar al teatro es “Mimo” Garcerón, amado compañero del secundario, que me veía payasear en el curso y me dijo que tenía que ir al teatro con él. Los ensayos, antes en el Talía, eran de noche, -con los años he logrado que los directores vengan a ensayar a mi casa y de día- al ser una actividad ad honorem, la gente trabaja y por la noche ensaya. Con los músicos debe ser igual. Imagina a mis padres, cuando les digo que iba a ensayar a las 22 horas, con 14 años, al colegio Nacional, y que me iban a acompañar. No era una época en que todo el mundo tenía auto. Me acompañaban en bicicleta o caminando. El cuadro femenino que en mi casa eran mi tía Coca y mi mamá, dijeron que no. Que era imposible porque era un lugar en el que se fumaba y un lugar en el que pasaban quién sabe qué cosas. Esa fantasía que había con el teatro y las artes…

Mi papá, que era tal cual yo, y tal cual Lucas. Un tipo de personalidad fuerte y apasionado, dijo que vaya. Fue mi primer admirador. Fue el que se paraba en el hall del teatro y después me decía en los intervalos lo que decía el público de mi actuación mientras escuchaba, haciéndose que veía cuadros. Entro a los 14, haciendo ese papel de heraldo que venía con un bando y leía. A partir de esa actuación, la señora de Milesi en la próxima puesta que se hizo me dio el primer papel de “Nuestro Pueblo”, de Thornton Wilder. Hice todo el teatro que me ofrecieron, y que me gustó.

Cuando ya vieron a la nena de 14 con un grupo de personas adultas serias, que me cuidaban, que los comenzaron a conocer, desaparecieron los prejuicios. Permanecí en el teatro hasta que me casé, y después que crié un tanto a los chicos, y pedirles que se porten bien, les compraba revistas, caramelos para que no le dieran trabajo al padre y me iba a ensayar. En esa época Eduardo protestaba contra el teatro, hasta que su hija lo convirtió en algo más valioso de lo que yo hacía para él. El paso de los años e imponer, el otro yo mío me decía –riendose-, “Y Lelé, no le lleves el apunte, hacé teatro, que él haga política”, así fue como dividimos las pasiones.

-¿Qué te gustaría para Paula?

-En la adolescencia y en la juventud puede virar la vocación, puede elegir escribir –escribe muy bien-, pero algo tendrá que ver con lo humanístico. Algún día puede decir que quiere estudiar psicología, profesorado, o dirección de teatro. No me gustaría condicionar eso. Puede pasar que vaya para alguna otra actividad. Es muy temprano. Pero la forma en que me mira cuando le explico ejercicios teatrales. O cuando le muestro algún texto que tengo en casa que lo devora con una avidez increíble. Es muy estudiosa, es la abanderada de la escuela, es una chica que todo se lo toma muy en serio, su boletín con todos 10. Le digo que es muy aburrido su boletín. Tampoco me gusta que esté tan presionada a ser lo más en lo que haga. Se puede ser 7 u 8 y gozar de la vida, que es lo que Carolina Ezcurra logró al dirigir a Paula. Le explicaba que es un juego, y que se libere de decir cosas que quizás no le salgan. Es una táctica amorosa y muy libre. Hay una fantasía de gente que se pone a ser dirección de teatro que se ponen en gritones, en maestros ciruela y maltratar al actor para que le salga la mejor parte. ¡Macanas! Al actor hay que acariciarlo, somos seres absolutamente sensibles que necesitamos el camino del buen trato y de la comprensión cuando las cosas no salen.

-¿Qué te decía Paula luego de los ensayos y luego de la presentación?

-Paula no dijo nada. Se convierte en la nena que es, se tomó en serio lo del juego. Terminó la obra y la veo bailando como lo hace habitualmente. Fuimos a la cocina y todos la felicitaban, se sonrió, vio que en la mesa había unos sándwiches, se puso a comer y tomó mate con todos nosotros. Es muy tímida, en eso no se parece a mí. Para ella, esto no forma parte de una preocupación, lo cual me encanta, que se divierta. Es como si el médico que convive con la tragedia, no pudiera cortar, ir a su casa y sonreírle a sus hijos mientras comen un postre, porque la vida de ese hombre estaría condenada al sufrimiento. Cuando la obra es dramática, con la parte actoral tiene que pasar lo mismo. Baja el telón y volviste a ser el que eras en realidad. Eso me parece sano. Quedan dolores, contracturas de la tensión. Te puede afectar físicamente, pero nunca psicológicamente. Al contrario, el actor debe ser una persona sana mentalmente para poder meterse en la piel de los enfermos, de las pasiones enfermas, de los celos, el odio. Por eso el actor tiene que ser un gran observador. Los personajes no se nos pueden ir sumando. Hay que expulsarlos lo más pronto posible.

-¿Qué se te ocurre que le sucedería a Paula dentro de unos años leyendo esta nota?

-Se pondría feliz, le daría algo de melancolía. No es fácil volver a escuchar lo que fue, o volver a ver lo que fue. No es fácil. De hecho tengo muchas películas de Carolina, series, o veo adelantos de la TV de alguna de sus películas… y no te creas que me ponga a verla, voy pasando, miro un rato.

-¿Cómo vivís el hecho en que Carolina no actúe más?

-La decisión de Carolina de estudiar medicina y dejar me impactó, me dejó sin palabras. Era el momento más brillante de su carrera. Después lo comprendí. Somos muy parecidas pero no somos iguales. Eso de caminar el escenario como el patio de su casa, no es propio de ella. Ha actuado haciendo un gran esfuerzo. Le sale maravilloso, o como dijo Eduardo De Laudano, que es una de las actrices trágicas más importante del teatro actual.

Un día me dijo, “tengo que encontrarle la explicación a la muerte porque si no voy a enloquecer, y sé que la medicina me va a dar esa respuesta”. A los 13 o 14 años ella ya decía que iba a ser médica. Se cruzó la actuación, el teatro muy fácil. Sólo tuvo que hacer un casting, el primero, para entrar a “Clave de Sol”. Después siempre fue convocada. Lo deja porque sabe que cumplió un ciclo con la actuación, y porque le ha significado algún esfuerzo, la parte de enfrentar al público, le ha costado por lo que me dice. Y así, como ha cumplido con su otra vocación, se largó a estudiar medicina, con la ayuda incondicional de su marido –Santo Biasatti-y criando a sus nenas con la misma devoción que hacía teatro. Es una madre absolutamente presente y ahora aún más porque ya terminó.  De todas maneras, la cuestión de estudiar medicina para entender la muerte, no le alcanzó con el hermano.  Hoy Carolina está muy cerca de la religión y lo buscó denodadamente para tener algún tipo de conexión con su hermano, es católica, y organiza retiros espirituales, es de misa 2 o 3 veces por semana.

Cuando le pregunté sobre este vuelco, me dijo que no le había alcanzado la medicina para justificar esto, para entenderlo y aceptarlo. Ahí la tenemos, muy feliz buscando en medio de la espiritualidad respuestas.

-¿Y la psicóloga como ve todo esto?

-Divina, mi Celina, creo que nos abarca a todos, nos comprende a todos, llora mucho más que todos nosotros, pero está muy ocupada con la maternidad, además sumo a nuestra familia a Julio, su esposo, un ser cálido y encantador. Otro hijo que nos regalo la vida. Es una gran compañía para los padres, Celina es incondicional, siempre encuentra momentos para venir, para estar con nosotros, compartir. Siempre tiene una respuesta. La aprovecho como psicóloga, y si no, tiro cosas al aire y ella la pesca y ahí está para darme una respuesta que me contente o me dé una claridad en mis pensamientos.

Tenemos una frase desde años, que somos cóncavo y convexo. Tengo una relación, además de espiritual, muy carnal con mis hijos. De mucho beso y mucho abrazo. Y a eso después la vida te lo devuelve.

Amar a los hijos vuelve con creces.  Amarlos bien, en decirles que si o que no, en abrazarlos, en comprenderlos, en aceptar que son diferentes a lo que nosotros pensábamos que podían ser. Quizás tuvieron que bancarse a una madre y a un padre que quizás ellos tampoco eran lo que esperaban. La comprensión y el darnos cuenta en que no nos va a alcanzar la vida para pagar el milagro que hemos concebido. No debe haber tarea más maravillosa, al menos no para mí, que criar hijos. Hice teatro, política, asistente social, todo muy bonito. Pero nada mejor que ver el resultado sobre el desarrollo de los talentos de alguien, de verlos crecer, eso no tiene precio. Como mi esposo, o como yo, estamos pendientes de nuestros hijos, porque nos gustó hacerlo, porque nos dio satisfacciones, y porque nos permitió tener espalda para aguantar los golpes de la vida.

-Y el acompañamiento de Eduardo.

-Sí. Dos buenos compañeros somos. Dos socios del dolor terrible. Estamos juntos. Hicimos juntos todo en la vida. Amarnos, tener hijos, y compartir esta etapa difícil, que nos rescatan los nietos, y las dos hijas maravillosas que tenemos, que están al pie del cañón junto a los yernos, y la nuera, que es la mejor nuera que me pudo haber tocado. La mujer que Lucas amó, es maravillosa, está siendo una madre ejemplar, madura. Como dice el dicho, “hay mujeres que son como los saquitos de té, solamente se ve lo fuerte que son cuando nadan en aguas calientes”. Y eso fue Ileana, una mujer que reaccionó frente al dolor con una fortalece increíble y muchas ganas. Hoy está feliz criando a sus hijos y nosotros al lado. Eso es grandioso. También hubiera podido elegir irse a su pueblo, con sus padres, y se quedó acá. Es una hija más para mí. No somos una familia grande. Eduardo tiene sus hermanos lejos, yo no los tengo. Tenemos  amigos y familiares –tan amados- que han estado muy cerca y nos siguen acompañando.

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Títulos:

- “Las Horas”, de Stephen Daldry (2002)

- “Antes De Que Anochezca”, de Julian Schnabel (2001)

- “Antón Chejóv 1890” (René feret)

- “Capote”, de Bennet Miller (2005)

 Horario: 20 hs.

Entrada libre y gratuita.

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Auspicia y apoya la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Mar Chiquita de la Provincia de Buenos Aires , Extensión Cultural de la Universidad de Mar del Plata y Honorable Consejo Deliberante HCD de Mar Chiquita.

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El próximo miércoles Radio Fénix - 93-9 – en su ciclo de Teatro en Radio la pondrá en el aire.

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