DAVID COSTA

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“Abogacía es la carrera que me identifica con la forma que tengo de ser y buscar el equilibrio necesario en la vida. La docencia en el Derecho me ha dado una experiencia fantástica”

David Alejandro Costa, 47 años de edad, divorciado, abogado. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, sus experiencias, su trabajo, sus gustos sus cosas

¿Tu familia…?

Soy el mayor de tres hermanos varones. Me sigue Esteban Ricardo, que tiene 46 años y se dedica a trabajos especiales de tornería, montaje y mantenimiento de máquinas industriales. Casado con Rosario San Martín son padres de Tomás y Juan Pedro. El menor de los tres es Andrés Leonardo, en pareja con Verónica Minetti y padres de Agustina y Valentino. Por su parte se dedica a la programación de gestión y administración de empresas e instituciones escolares y administrativas. Nuestro padre, que se llamaba Ángel Ricardo y era conocido por su apodo de “Cachi”, falleció hace un par de años a los 75 de edad. Había sido bancario y luego dedicado a su emprendimiento de granja productora de huevos. Mamá es Rosanna Manzone, tiene 73 años y está jubilada. Soy el padrino de Juana Literas, hija de David y Soledad Nicodemo.

¿Hubo límites en casa…?

Los hubo y marcados en forma constante por mamá, aunque utilizando la amenaza de que la cosa se iba a poner dura cuando llegara papá, que estaba mucho más tiempo fuera de casa trabajando. En realidad, cuando él llegaba, no pasaba mucho más, pero la incógnita y algo de intriga nos despertaban esas advertencias.

¿Tus estudios…?

Hice primaria en la Escuela Nº 1, la “Víctor Mercante”, junto a Camilo Guinot, Carlos Klein, Javier Canziani, Carlos Cámpora, Pablo Gatti, Gustavo Gauna, Darío Pittoni… y tengo el recuerdo imborrable de dos maestras muy especialmente, Norma Queirolo y Margot Lorda. Para el tiempo del secundario ingresé al Colegio Nacional “Florentino Ameghino” en el que algunos de mis compañeros han sido casi en su mayoría los de la primaria, grupo al que se le sumaron algunos otros. En el grupo de docentes estuvieron entre otros por supuesto, Elizabeth Mehaudy, Cristina Redondo, Ana Introsi, “Cachito” Milanesi, su esposa, Carlos Saúl Saporiti, Eduardo Risso, Beatriz Lampreabe..(siguen).

¿Tu grupo de amistades…?

De distintos tiempos de mi vida puedo nombrarte a David Literas, Carlos Castro Olivera, Héctor Baltar…tipos excepcionales y que me han marcado fuertemente y son ejemplos a seguir e imitar. Ya de grande  Carlos “Chacho” Aransibia, que me parece conocerlo de toda la vida y de chicos; Hernán Rodríguez, Alejandro Ottolini, Martín Literas, Sebastián San Pedro, Fernando Carbone, el “Vasco” Juan Martín Andrés, Guido Tronconi, Fernando Farji, Fabricio Minetti…(siguen). Hago un aparte para mencionar a Mauricio Zamudio y María Inés Penna, dos amigos solidarios de nivel superlativo, presentes en los momentos más duros que debí superar.   

¿Bueno en los estudios…?

Para serte sincero y haciendo la salvedad de que no es una auto ponderación, te digo que siempre en materia de estudios, he sido muy bueno y cumplidor, no siendo ese un motivo de retos ni nada que se pareciera en casa. En realidad me gustaba mucho ir a la escuela y eso me puso en el lugar de ser un buen alumno. Con el paso de los años me mantuve de la misma forma incluso en la universidad. Te cuento que en la universidad fui el primero de mi promoción que obtuvo el título. Concursé para hacer docencia en la UnLu y obtuve el puntaje de 100 sobre 100 y una recomendación del comité para un puesto superior a que concursaba, publicado en el órgano interno de la misma. Para darte un detalle más, cuando cumplí con el servicio militar, me distinguieron como el mejor soldado de la clase.

¿Hiciste la colimba en el Regimiento 6…?

Si claro, cuando era el Jefe, el Teniente Coronel Carlos Alberto Henrich, el segundo era el Mayor Domingo Antonio Gordillo, de quien luego de estar un corto tiempo en la Compañía de Servicios, fui su asistente. Te digo que me seleccionaron para representar al Regimiento 6 en un torneo de tiro de la Xa. Brigada denominado “Caupolicán”. Obtuve el el cuarto puesto en la general y primero en tiro de velocidad en la posición de cuerpo a tierra, con 20 disparos en 2 minutos a un blanco distante a 150 metros, acertando su totalidad en el blanco del tamaño de una lata de duraznos. Fue y lo sigue siendo en la memoria un momento del que no me puedo apartar cuando juego con los recuerdos. Recuerdo haber recibido de mi paso por el 6, una pequeña medalla al “mejor soldado”.

¿Buena experiencia entonces…?

Muy buena y en todo sentido, porque compartí momentos inolvidables y pude adquirir los conocimientos y experiencias muy importantes de la vida entre esos años 1989 y 1990. El “Lolo” Mustoni y Juan José Lennard, fueron algunos de mis camaradas de colimba.    

 

¿Por qué seguiste abogacía…?

Creo que se me presentó como la carrera que me identificaba con aquello que sostengo hoy mismo, lo que llamamos el “sentido común” y mi espíritu de competencia inculcado creo que exageradamente por mamá y que hoy se lo agradezco. Recuero que en una oportunidad ella me preguntó cuánto me había sacado en una prueba y cuando le dije que un 7, mamá quiso saber la nota de Camilo Guinot y me reprochó no haber superado el 8 de él. Hoy me río pero en aquel tiempo no me resultaba grato.

¿Entiendo que no dudaste en ningún momento por haber elegido ser abogado…?

Absolutamente y fui también el primero en rendir y obtener el título que, de no ser por una demora en los finales, solicitado por una compañera, podría haberme recibido en el mismo año de la última cursada. Tenía ya 30 años de edad.

¿Trabajaste mientras eras estudiante universitario…?

Claro que sí. Recuerdo que hacía el reparto de las revistas de Telecable en una Zanella 50 y con lo que ganaba afrontaba los gastos originados por los estudios y obtuve siempre becas, a veces totales, otras medias o cuartos de ellas en la Universidad del Salvador, para lograr achicar gastos que eran altos. Al finalizar, el Dr. Comparatore, profesor de Derecho Penal, me propuso sumarme a su cátedra.

¿Qué hiciste al recibirte…?

Estuve un tiempo como “meritorio” en los tribunales de aquí, pero dejé para ejercer en el que había sido el estudio jurídico del Dr. Carlos Castro Olivera, que había sido magistrado en la justicia provincial, en calle 33 entre 28 y 30, lugar en el que permanezco hoy mismo. 

¿Recordás el tema de tu primera intervención como letrado…?

Si. Fue una situación de divorcio de un señor Minetto. De allí en adelante me dediqué a las causas por daños y perjuicios (temas de tránsito, accidentes y daños) atendiendo aunque en menor medida, algunas causas penales. Te cuento que aquellos primeros días solo y en el estudio, lloré varias veces, reprochándome el no haber continuado en tribunales, pero las cosas fueron evolucionando más rápidamente de lo que supuse y comencé a tener mucho trabajo afortunadamente.

¿Por qué te volcaste a ese fuero..?

Sencillamente porque me convencí de que es el fuero en el que me siento más cómodo y en mi salsa, Siempre digo que haciendo las cosas bien, el que rompe paga y es bastante lógico que eso ocurra en el terreno civil. Te aclaro que los temas penales me encantan, pero tienen perfiles que no van de la mano de mi estilo de vida y mi forma de ver, de modo que mejor me ha resultado trabajar en lo civil.

¿Recibiste apoyo de colegas…?

Debo decirte que sí y mucho de parte del Dr. Lucas Gómez, al que se conoce por “Vicki” y a su hijo y homónimo, porque ellos me ayudaron profesionalmente con sus pareceres y sus consejos. Muchas veces, cuando me sentí presionado, dos palabras de “Vicky” fueron más que suficientes para comprender un problema y lograr salir de la encrucijada. He estado en aprietos y creyendo no tener solución a un problema y con tan sólo dos palabras “Vicky” me devolvió la tranquilidad y me sugirió sabiamente la salida y solución del problema que yo creía insoluble. Eso parece ahora lejano, pero si debiera consultar algo en la materia, lo haría seguramente con ellos mismos. Te cuento que actualmente también tengo un estudio en CABA, en el departamento de un amigo sobre Suipacha al 600, que manejo a distancia aprovechando los avances que la tecnología permite hoy y me ahorra viajes al máximo.  

¿Eran entonces tu suegro y tu cuñado…?

Claro. Yo estuve casado con María Griselda, hija y hermana de ellos desde el 17 de enero de 2006 a febrero de 2011, cuando nos separamos y en diciembre de 2014 nos divorciamos. Debo decirte que la casa que pude adquirir e inclusive el auto, lo hice con mi trabajo, pero fue ella la que administró todo para lograrlo. Te diría que más que administradora, María Griselda ha sido reguladora de mi fuerza de voluntad y le estoy profundamente agradecido. No tengo duda alguna de que de no ser por ella, no lo hubiese logrado.

¿Estás solo en la vida…?

Soy solo todavía, aunque estoy viviendo la construcción de una nueva relación que deberá madurar y que para ellos el tiempo tendrá su palabra.

¿Hiciste docencia…?

Por 5 años, dicté clases de Derecho Internacional Público y Privado con la Dra. Liliana Vázquez y Estudio de la Constitución y los Derechos Humanos con el Dr. Héctor Negrien la UnLu y por tres años con el Dr. Comparatore, Derecho Penal en la Universidad del Salvador.

¿Cómo es un día tuyo hoy…?

Me levanto temprano y de muy buen humor. Luego de unos mates salgo para el estudio, previo paso por Open (26 y 27) a tomar contacto con la realidad y un café. Trabajo en lo que tenga para diligenciar, atiendo a clientes y si debo salir para tribunales lo hago. Luego y al mediodía, corto para comer algo y hacer un poco de fiaca antes de retomar mis cosas. Me gusta dejar todo listo para el día siguiente y generalmente lo hago.

¿Te sigue gustando la pesca…?

Es una de las cosas que me gusta hacer cuando el tiempo y mis cosas me lo permiten. Es junto con la lectura, dos cosas integradas a mi vida con la misma fuerza de siempre. Suelo escuchar más radio que ver televisión. Las películas de mi vida son “El Padrino y la Guerra de las Galaxias”, con eso creo decirte bastante (se ríe). Mi autor preferido y admirado es Jorge Luis Borges, a quien he leído mucho de su obra.

   

FUERA DE JUEGO

Soy hincha de San Lorenzo.

Tengo varios amigos y tres que puedo distinguir sin ir en menosprecio de otros son David Literas, Carlos Castro Olivera y Héctor Baltar.

Los ravioles de Silvano en Tomás Jofré y el arroz con manteca, queso y huevo duro, son mis platos preferidos y que más disfruto, aunque me gusta comer de todo. Bebo Gancia con limón y soda natural.

Tengo una gran fortaleza y no bajo los brazos fácilmente. Soy solidario.

De los diez mandamientos estoy involucrado en nueve de ellos si se trata de establecer mis defectos. Soy algo calentón y lo reconozco.

Me hubiese gustado ser actor y tomar algo de algunos que admiro, como Ricardo Darín y “Beto” Brandoni.

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Hector Espina

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