Cuántas veces hemos visto personas que han hecho rifas para vender un auto, una moto u otros elementos de menor valor. ¿Pero un inmueble, una casa? No hay muchos registros sobre esta modalidad que algunos ubican en el plano de algo innovador y otros en el borde de las posibilidades legales de hacerlo.
Existen algunos antecedentes en algunos otros lugares del mundo, por caso hay antecedentes en Irlanda o Estados Unidos, pero poco se sabe de esto en Argentina. Sin embargo, a Marcela Mousseigne, una vecina nacida en Mercedes pero que actualmente reside en la zona norte del Gran Buenos Aires, mucho no le importó eso de si había sucedido o era la primera. Quiso hacerlo y lo puso en marcha a pesar de quienes intentaban frenar su misión.
En un resumen de lo sucedido en el tiempo todo comenzó tras el fallecimiento de su madre hace algunos años. Esa casa que la vio nacer, correr por sus pasillos, jugar con sus amigas y recibir el afecto de sus padres, comenzaba a quedar vacía y a convertirse en algo más relacionado a su pasado que a su presente y su futuro.
El inmueble se encuentra en la calle 14 Nº 891 de nuestra ciudad. Marcela pensó primero en lo que era tradicional y más habitual en los casos de operaciones inmobiliarias. Hablar con una inmobiliaria, poner un cartel y esperar la aparición de un comprador interesado. Sin embargo, nunca visualizó ese frente con ese cartel. Más bien le parecía que su despedida de Mercedes como un supuesto lugar de residencia, no merecía ese final. Sin embargo, es claro que no le resulta tampoco fácil. Aún su domicilio en el DNI es de Mercedes y no tiene demasiada urgencia para modificarlo.
Protagonistas tomó contacto con Mousseigne quien nos fue contando la historia de esta rifa, la de una casa, cuyo costo es de 100 dólares y que tiene como cartón el símil de un boarding pass, una especie de boleto de avión. Le agregó la leyenda Aventura en Vuelo, porque una de sus pasiones es viajar por el mundo, y esa propiedad, esas paredes que tantos recuerdos guardaban, podía convertirse en el pasaje a diferentes destinos.
Sentada en un sofá de su casa de Beccar (partido de San Isidro), se puso a pensar en el futuro y destino de esa propiedad. Recordó a la vez que tenía un auto 2006 que a veces la hacía renegar y que sus ahorros no eran suficientes para poder seguir viajando como le apasiona. “Entonces dije voy a rifarla… sí, hacer una rifa. Llamé unos amigos profesionales para que me asesoren y ahí comenzó mi aventura”, relata.
Volvió a Mercedes, abrió la casa y comenzó a intentar contagiar a otros para que adquirieran uno de esos boletos que eran el pase a sus posibles destinos turísticos, pero también la posibilidad de que uno, solo uno, pudiese quedarse con una propiedad valuada en más de cien mil dólares por solo 100. “Fue un comienzo divertido, pero también desgastante desde lo físico… hacer una agenda, invitar gente a que se sume a este que era mi sueño y cuando confías en esos sueños se logran. Me pregunté qué hacer con lo recaudado y pensé en cambiar el auto o viajar con mi hija… estaba buscando un cierre de mi historia con Mercedes donde guardo mis mejores recuerdos, mis amigos y muchas historias por contar, esta podía ser la última”, agregaba.
Claro que, como empleada del Poder Judicial, en el Departamento de San Isidro, trató de observar toda la normativa y el marco legal para poder llevar adelante esta idea sin inconvenientes. Reconoce que en el medio surgieron comentarios respecto que podía tratarse de una estafa, de un hecho poco claro, pero siguió adelante. “Mercedes es muy importante para mí… La Recova, la Catedral, los Helados de Aloisio, mi propia historia… entonces comencé con esta idea que algunos terrenales me decían no iba a lograr”, añadió en la charla con un cronista de este semanario.
Vendió números hasta donde pudo, unos 194 le habían quedado sin abonar por parte de los adquirentes y 270 quedaron sin vender. No estaba llegando al precio de mercado, pero esa circunstancia no le hacía ruido. En su historia el dinero no era lo más importante. El destino hizo que ese 20 de diciembre del 2025, en la lotería de la Ciudad, salió el 992 a la cabeza y era uno de los boletos que había quedado sin vender. Pero la casa tenía que quedar en nuevas manos y ese resultado, a pesar de todo, no la dejó conforme.
Cualquier otro tal vez, hubiese puesto nuevamente los números a la venta, pero Marcela no quiso hacerlo. Buscó la forma de reconocer a quienes habían confiado en ella comprando números por cuanto les dejó los mismos para una nueva chance. Puso nueva fecha para un sorteo (el próximo 25 de febrero) y busca completar la venta para que esta vez alguien sea el favorecido con su “Aventura en Vuelo”.
La ayuda en difusión de algunos amigos y cercanos le permitió seguir vendiendo los números que faltaban y esta vez la casa se va… “Sale o sale”, dice como si se tratara de esos juegos poceados que siguen ofreciendo posibilidades para que el pozo quede con un ganador.
Marcela espera ese día, porque insiste que será el cierre de una etapa. Una etapa que comenzó, construyó, soñó, imaginó y ejecutó. Un sueño compartido, con quienes compraron una rifa más allá que muchos lo hayan hecho como una oportunidad de obtener una propiedad a muy bajo costo si el azar lo permite. Pero también tuvo gestos, gestos de invitar a otros a soñar. Hubo algunos números obsequiados. Por ejemplo, a quien cuidó de su madre los últimos días, por mencionar un caso.
Se rifa una casa. Sí, es en Mercedes y ya se corrió la noticia por su aparición en redes, por comentarios de boca a boca, por tratarse de una iniciativa poco común y menos rentable que una venta tradicional, porque además el ganador la obtendrá libre de gastos. Marcela cerrará una etapa de su vida, una etapa trascendente e importante, y lo hará a su manera, como lo imaginó, como lo soñó. Espera ese 25 que los bolilleros de la lotería digan lo suyo para saber si hay ganador. Lo habrá. Si no es el primero, pasará al segundo y así hasta que la propiedad de la calle 14 tenga nuevo dueño.
La aventura habrá terminado y sin conocer demasiado a Marcela Mousseigne y habiendo intercambiado poco más de media hora de charla, no habrá dudas que comenzarán a partir de entonces nuevas aventuras. Esta fue una de ellas, de la que se siente tan agotada como orgullosa de haber podido concretar. Era el camino más largo tal vez, el más difícil de recorrer. Puede que por ello haya elegido ese camino, el del cartel de una inmobiliaria hubiese sido más corto, pero lejos hubiese estado de convertirse en una Aventura.








