El libertario Mauricio Pollacchi tuvo la idea de presentar un proyecto que despertó tormentas inesperadas. Tal vez mediante otros canales la sangre no hubiese llegado al río, pero estamos viviendo convulsionados tiempos políticos y las cosas suelen resolverse de esa manera. En las tribunas públicas que son las redes o en los medios de comunicación tradicionales.

Lejos de sacarle el cuerpo a los cuestionamientos que recibió del oficialismo, puso otra marcha y aceleró. Especialmente luego del incidente del pasado martes. “Mercedes volvió a ser escenario de otro accidente ferroviario. No es un hecho aislado ni imprevisible: es parte de una secuencia que se repite, duele y vuelve a interpelar a toda la dirigencia política”, dijo en su segundo escrito que podría ser su segundo capítulo. Porque si alguien cree que esto ha terminado acá estará completamente equivocado.

Para Pollacchi “cuando la vida humana está en juego, no pueden existir dilaciones ni excusas. El derecho a la vida debe estar por encima de cualquier discusión administrativa o jurisdiccional. Discutir competencias sin actuar es, en los hechos, una forma de eludir responsabilidades”, respondió el expresidente de bloque de LLA original.

Destaca que el sistema ferroviario argentino arrastra décadas de desfinanciamiento, abandono y falta de planificación. “Esta realidad es conocida y advertida desde hace años. Las consecuencias también”, agrega.

Poco después en esa réplica (cuando ya había visto su planteo en Página 12 entre otros periódicos o páginas web), sostuvo que como concejal de La Libertad Avanza, y como vecino de la ciudad, “no puedo aceptar que la respuesta institucional sea el lamento posterior o el comunicado de ocasión. Gobernar y representar implica decidir, asumir costos y actuar con urgencia”.

Admite que la reiteración de accidentes evidencia un problema estructural. “A la falta de infraestructura adecuada, señalización y controles efectivos, se suma un aspecto central que sigue siendo relegado: la deficiente educación vial. Sin políticas sostenidas de concientización y formación, el riesgo se naturaliza. Y cuando el riesgo se naturaliza, el Estado fracasa en su función más básica: cuidar la vida”, recalcó.

Tras ello observa que, si no es posible – por las razones que se esgriman –  disponer de agentes directamente sobre las vías, “siempre existe la alternativa de ubicarlos a escasos metros, en terreno municipal. No es una solución mágica, pero es una medida concreta. A veces, más que un impedimento legal, lo que falta es voluntad de resolver el problema sin excusas creativas”.

Finalmente sostiene que actuar no es una cuestión ideológica ni partidaria. “Es una obligación ética ineludible. Cuando la vida está en riesgo, no hay margen para la indiferencia ni para la especulación política. Cada día que se posterga una decisión es un día en el que el Estado llega tarde”, reflexiona.

Como conclusiones advierte que seguir trasladando responsabilidades no resuelve el problema: lo agrava. “La comunidad no necesita explicaciones interminables; necesita hechos. Y los hechos requieren conducción, coraje institucional, voluntad y decisión política… Cuando la vida humana está en juego, no alcanza con reconocer el problema. Hay que asumirlo y actuar. Todo lo demás es demora. Y la demora, en estos casos, también es una forma de responsabilidad”, finalizó.