Desde hace bastante tiempo en política son pocas cosas las que sorprenden, aunque cuando siempre que parece que el límite ha llegado hay algo más. Siempre hay más altura para subir, pero también más profundidad para caer. Y vaya si se sorprenden quienes pasaron por algunas filas partidarias, qué queda para el común de los ciudadanos, para aquellos que de a pie tratan de entender lo que pasa a su alrededor.
Precisamente horas después de la apertura de sesiones del presidente Milei, que aconteció hace dos domingos, el exconcejal Carlos Mosso reflexionó en redes sociales. Aquel dirigente al que lo borraron de un plumazo en una pretendida interna del PRO y que debió buscar refugio en Potencia, manifestó, “es increíble que el mundo hable de lo sucedido anoche (por el domingo 1 de marzo) en la apertura de sesiones, falta de respeto tremendo de todos lados, idas y vueltas con acusaciones cruzadas, carpetazos, insultos y tanto más”.
Claro que Mosso se preocupa porque hay quienes todavía pretenden que, en el llano, “los ciudadanos de a pie como solemos llamarnos, inculquemos respeto, tan solo eso, respeto… A esta altura estoy más que convencido que las épocas de debatir proyectos, discutir ideas con altura, jamás lo veré en los años que me queden de vida”, sentenció casi de modo apocalíptico.
Repartiendo para todos dijo en términos generales, “no culpen más a nadie, háganse cargo, bajen diez cambios. Gobiernen para el 100 % de los habitantes de nuestro hermoso país. Lo que pasó en la apertura de sesiones del presidente no es nuevo, lleva décadas subiendo el tono y no hay dudas que eso decanta en la militancia”.
Por cierto, no es algo casual, son estrategias bien elaboradas. No hay proyectos ni planificaciones por las cuales interesarse demasiado, sino dejar títulos, frases rimbombantes, de esas que horas después son las que se convierte en título, noticia y análisis. “Nadie habla del discurso en sí, nadie opina si cree, si no cree, si gustó o no, todos hablan de lo que parecía una obra de teatro, pero de las peores obras de la historia. Vergüenza ajena y mucha pena, es lo que me dejó”, concluyó Mosso.








