La formación, encabezada por la legendaria Vulcan Foundry 3925, realizó paradas técnicas en la estación del Ferrocarril Sarmiento durante el último fin de semana. Grandes y chicos aprovecharon la oportunidad única para retratarse junto a esta joya de la ingeniería que regresó a las vías para los festejos en la localidad de Mechita.
El pasado viernes, los andenes de la estación de Mercedes se vistieron de nostalgia y asombro con el arribo de la majestuosa locomotora a vapor Vulcan Foundry 3925. La unidad, una pieza histórica fabricada en el año 1927 y conocida como «la reina» del Ferroclub de Remedios de Escalada, hizo su paso por nuestra ciudad en dirección a Bragado, donde fue la atracción central de la 18° edición de la Fiesta del Ferroviario.
La formación histórica no viajaba sola; llegó integrada también por la unidad diésel 6016 y coches de pasajeros de categorías Primera y Semi-Pullman que conservan todo su esplendor original. Durante su breve pero significativa estadía en la estación local el viernes, y nuevamente en su trayecto de regreso este lunes, decenas de vecinos mercedinos se acercaron para conocer de cerca a esta «gigante de acero» y capturar el momento con fotografías.
Este imponente traslado fue el preámbulo de un éxito rotundo en la región. Se estima que más de 20.000 personas se congregaron en Mechita para revivir la magia del tren, en un evento que unió la nostalgia de los antiguos trabajadores con el asombro de los más pequeños. Durante el domingo, la locomotora incluso realizó viajes gratuitos entre las estaciones de Bragado, Mechita y Alberti, permitiendo a miles de pasajeros experimentar un viaje en el tiempo.
Para Mercedes, el paso de la 3925 representó un sentido homenaje a la identidad ferroviaria, recordando una época en la que el ferrocarril era el nexo fundamental entre los pueblos.
Tras un fin de semana donde volvió a traccionar por sus propios medios y despertar pasiones, la histórica máquina emprendió el lunes su retorno, dejando en los vecinos el recuerdo de una visita que volvió a encender, aunque sea por unos instantes, la magia del vapor en nuestras vías.








