El 16 de junio de 1950 fue un momento clave de la historia de nuestra ciudad, nacía el Radio Club Mercedes, LU7DF, tal cual su última señal identificatoria, un hecho importantísimo en la historia de nuestra ciudad y de la radio en nuestro país. La ciudad de Mercedes fue protagonista y pionera en este tema de las comunicaciones radiales, gracias a aquellas personas que nos precedieron, Don Eduardo Viganó (LU6DAQ), Carlos Landini (LU8DP), Raúl Rapela, (LU2DBR), entre otros, con una visión de futuro increíble para la época.

A pocos años de la histórica transmisión de los «Locos de la Azotea» en 1920, la ciudad de Mercedes ya contaba con radioexperimentadores que construían sus propios equipos y antenas.

La historia del Radio Club se apoya en la figura de Eduardo Viganó, considerado uno de los primeros radioexperimentadores de Mercedes.

Entre 1923 y 1924 trabajó junto a Carlos Landini en la construcción de equipos telegráficos y de radiotelefonía. Landini obtuvo la licencia LU8DP en 1924, y ambos lograron comunicaciones con distintos países sudamericanos cuando la radioafición argentina estaba dando sus primeros pasos.

Viganó era reconocido por su capacidad técnica. En 1928 instaló transmisores en el circuito automovilístico París Giannini y realizó una transmisión de carrera considerada una de las primeras experiencias de ese tipo en la región.

Mercedes tuvo una presencia temprana en la historia de la radio argentina. La estación de Carlos Landini llegó a ser una de las más avanzadas de la época, con alcance internacional en telegrafía y fonía.

Casi un siglo después de las primeras experiencias de Eduardo Viganó y los pioneros de la radio mercedina, la importancia de las comunicaciones por radio sigue vigente.

En una época dominada por teléfonos inteligentes, redes sociales y aplicaciones de mensajería, la radioafición continúa siendo uno de los pocos sistemas de comunicación capaces de funcionar de manera completamente independiente de las grandes infraestructuras tecnológicas. Cuando todo lo demás falla, las estaciones de radioaficionados siguen siendo una de las últimas herramientas disponibles para comunicar personas, coordinar ayuda y mantener el contacto con el mundo.

La radioafición dejó de ser solamente una actividad experimental para transformarse en un espacio de encuentro, capacitación y servicio a la comunidad. Con el paso de los años, los radioaficionados mercedinos consolidaron una institución destinada a promover la actividad, formar nuevos operadores y preservar el legado.

Las tecnologías cambian, los sistemas evolucionan y las formas de comunicarnos se transforman. Sin embargo, el principio fundamental permanece intacto: la necesidad de conectar personas.

Al cumplirse 76 años de la fundación del Radio Club Mercedes «Eduardo Viganó», también resulta inevitable formular una pregunta que invita a la reflexión: ¿cómo una institución que durante décadas reunió a generaciones de radioaficionados, promovió la capacitación técnica, y representó a Mercedes en el aire terminó desapareciendo?

Las respuestas seguramente pueden ser muchas y complejas. Los cambios tecnológicos, la aparición de nuevas formas de comunicación y la disminución del interés de las nuevas generaciones por ciertas actividades tradicionales pueden haber influido. Sin embargo, quizás exista una razón más profunda que merece ser considerada.

Las instituciones no desaparecen solamente por falta de recursos o por el paso del tiempo. Muchas veces se debilitan cuando el interés colectivo deja lugar a las diferencias personales, cuando los objetivos comunes son reemplazados por proyectos individuales, o cuando los desacuerdos terminan siendo más importantes que aquello que originalmente unía a sus integrantes.

Hay un aspecto que merece ser recordado. Desde sus orígenes, la radioafición no solamente se apoyó en conocimientos técnicos, sino también en valores. El radioaficionado debe ser: considerado, leal, progresista, amistoso, equilibrado, patriota y estar siempre dispuesto a servir a los demás. Durante generaciones, estos conceptos guiaron el accionar de los radioaficionados en todo el mundo y constituyeron la base ética sobre la que se construyeron innumerables radioclubes.

No se trata de buscar responsables ni de reabrir viejas heridas. Se trata de comprender que las enseñanzas del Libro Ética y Procedimientos Operativos para Radioaficionados de IARU (International Amateur Radio Union), continúan siendo tan importantes como cualquier conocimiento técnico. Las antenas, los transmisores y las frecuencias pueden unir continentes, pero solamente el respeto mutuo, la cooperación y la vocación de servicio son capaces de sostener una comunidad en el tiempo. Quizás una de las lecciones más valiosas que deja la historia del Radio Club Mercedes sea precisamente esa: recordar que la esencia de la radioafición no está únicamente en la tecnología, sino en los valores humanos que la acompañan.

Vivimos en una época donde dependemos casi por completo de los teléfonos celulares, Internet y las aplicaciones de mensajería. Parecen sistemas infalibles, pero la realidad demuestra que no lo son. Un apagón prolongado, una inundación, una tormenta severa, una falla masiva de infraestructura o cualquier situación extraordinaria pueden dejar fuera de servicio gran parte de los medios de comunicación que utilizamos diariamente.

La historia demuestra que, en numerosas emergencias ocurridas alrededor del mundo, los radioaficionados han sido capaces de restablecer enlaces de comunicación cuando otros sistemas habían colapsado. Con equipos autónomos, antenas propias y conocimientos técnicos específicos, han servido como puente entre comunidades aisladas, organismos de emergencia y centros de coordinación.

La reciente adaptación de El Eternauta volvió a poner este tema sobre la mesa. En la historia, cuando desaparecen las comunicaciones convencionales, un grupo de sobrevivientes encuentra un viejo equipo de radio y descubre que las ondas siguen siendo una de las pocas herramientas capaces de unir personas separadas por la distancia. Más allá de la ficción, el mensaje resulta profundamente real: cuando los sistemas modernos fallan, la radio continúa siendo una alternativa válida, confiable e independiente.

Quizás la historia del Radio Club Mercedes deje una enseñanza para las generaciones futuras: las instituciones que trascienden son aquellas que logran poner el bien común por encima de los intereses individuales. Los equipos pueden deteriorarse, las instalaciones pueden cerrarse y las señales pueden dejar de escucharse por un tiempo. Pero mientras exista la voluntad de trabajar juntos, siempre será posible recuperar aquello que alguna vez se construyó.

Porque, al fin y al cabo, el verdadero patrimonio de un radio club no son sus edificios ni sus antenas. Son las personas que comparten una misma pasión y entienden que la comunicación es un servicio, que el conocimiento debe compartirse y que el progreso colectivo siempre será más importante que cualquier interés personal.

Como radioaficionado, no puedo dejar de preguntarme si la historia del Radio Club Mercedes «Eduardo Viganó» realmente ha llegado a su fin, o si por el contrario, aún queda una página por escribir. Tal vez este aniversario no deba ser solamente una mirada al pasado, sino también una oportunidad para pensar en el futuro.

¿No será momento de volver a reunir voluntades y recuperar aquel espíritu que dio origen al Radio Club hace 76 años?

Quizás la ciudad de Mercedes todavía necesite un espacio donde compartir conocimientos, formar nuevos operadores, preservar la historia de la radio local y fortalecer las capacidades de comunicación ante eventuales emergencias. Las instituciones nacen de las personas, y mientras existan hombres y mujeres dispuestos a trabajar por un proyecto común, siempre habrá una posibilidad de comenzar nuevamente. La invitación está hecha. Tal vez la próxima gran historia de la radioafición mercedina aún esté por escribirse.

Sergio Vagues – (LU8EHB)

Radioaficionado