(De la redacción)

Es tiempo de Mundial, hace frío y todo parece resumirse en estos días a aquello que tenga forma de pelota de fútbol. No está mal en tanto y en cuanto se tenga en claro que el mundo que también es redondo, sigue girando. Por eso es oportuno detenerse también en algunos gestos silenciosos que no hacen ruido, pero cambian realidades.

Por estos días tuvimos la colecta para el pueblo venezolano que se puede ver en otro artículo aparte. Vecinos que acercaron alimentos, ropa y elementos de primera necesidad para quienes atraviesan una tragedia. Una respuesta desinteresada, que volvió a demostrar que Mercedes conserva una de sus mayores fortalezas: la solidaridad.

Pero mirando las redes sociales encontramos una imagen. Tal vez de menor estridencia, más pequeña en escala, pero enorme en significado.

Un puñado de gorritos tejidos artesanalmente llegó al Servicio de Oncología del Hospital Blas Dubarry. No son simplemente prendas para enfrentar el frío del invierno. Son abrazos convertidos en tejidos de lana. Son horas de trabajo hechas con paciencia por las manos de quienes decidieron dedicar parte de su tiempo a personas que probablemente nunca conozcan. Si, dedicaron tiempo, el valor más preciado que puede tener un ser humano.

La iniciativa, impulsada por Mantarraya Artesanal y acercada por Sol Pérez, tiene un valor que trasciende el objeto entregado. Cada gorrito le dice a quien atraviesa un tratamiento oncológico algo mucho más importante que «no vas a tener frío», le dice «No estás solo».

Quizás por eso no sorprende que Sol Pérez también forme parte de Mechas Solidarias. Cuando alguien descubre que puede tender una mano, rara vez se queda en una sola acción. La solidaridad suele ser contagiosa. Un proyecto conduce a otro. Una persona convoca a otra. Y así un entramado de redes comienza a crecer.

Pero aunque lo resaltemos como un hecho relevante, porque verdaderamente lo es, Mercedes tiene ejercitadas estas acciones de poner al servicio de quienes más lo necesitan su mano tendida. En la vorágine de lo cotidiano a veces se nos escapan estos detalles y hay quienes suelen ampararse en no tener tiempo para ocuparse. Pero cuando vemos otros ejemplos (salvando excepciones), estamos más frente a una excusa que a un hecho real. El  Primeros Mil Días, es un caso testigo. En el mismo una política pública encontró el compromiso desinteresado de Las Abuelas Tejedoras. Allí quedó demostrado que el Estado puede impulsar iniciativas, pero es la comunidad la que muchas veces les da alma. Porque una sociedad no se construye únicamente con obras, presupuestos o discursos. También se construye con personas que deciden mirar al otro.

En tiempos donde pareciera imponerse la lógica del «sálvese quien pueda», estos gestos funcionan como una bocanada de aire fresco. Son la prueba de que todavía existe un nosotros. Que todavía hay quienes encuentran tiempo para quien está enfermo, para quien perdió todo, para quien atraviesa una situación difícil sin esperar nada a cambio.

Claro que falta mucho. Todavía queda un largo camino para construir una sociedad más empática, más inclusiva y más comprometida con quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad. Pero ese camino empieza con acciones concretas. Con una bolsa de alimentos. Con una mochila. Con una mecha de cabello. Con un gorrito tejido.

Un dato no menor en este posteo que da origen a esta reflexión y que fue realizado por el hospital, está en los comentarios. Hasta mediados de semana eran más de 50. No son precisamente las redes sociales donde encontramos palabras de aliento o expresiones positivas. Pero en esta ocasión no hubo una sola palabra que busque contaminar la buena acción, por el contrario, fueron adhesiones y aliento.

Los héroes anónimos existen. A veces tienen nombre y apellido. Otras veces prefieren permanecer en silencio. Lo importante es que siguen estando. Y mientras haya personas dispuestas a reparar en la necesidad del otro, siempre habrá razones para creer que una sociedad mejor sigue siendo posible.

Foto: La imagen de Susi Cuello con su gorrito que acompañó el posteo del centro de salud