El reciente incidente en la zona céntrica reabrió el debate. Un vehículo en plena calle 25, se descontroló y quedó sobre tres motocicletas que estaban estacionadas en el reservado que se ubica entre las calles 16 y 18. Ese lugar no tenía, hasta la semana pasada, los laterales de contención que ahora fueron colocados.
Pero el debate se abrió en torno a que hubiese sucedido si en vez de tratarse de motovehiculos se hubiese tratado de personas. Aquí es donde apareció el tema de las denominadas terrazas o balcones, que, en muchos sectores de la zona céntrica, le han ganado espacio a la cinta asfáltica para que los comercios de gastronomía tengan mayor cantidad de lugar para ubicar mesas. Cabe recordar que (oportunamente) esta propuesta contó con el aval de la Cámara Económica en tiempos en que se salía del desastre económico que había causado el COVID.
El concejal mandato cumplido Carlos Mosso, fue uno de los que inició este cruce de opiniones al respecto, luego de observar el automóvil sobre las motos aplastadas.
“Pasada la pandemia hablé con funcionarios para empezar a eliminar los balcones gastronómicos que fue un decreto para beneficiar a los comerciantes. Claramente en ese momento estuve de acuerdo”, señaló.
El ahora referente de Potencia, sigue diciendo que esos balcones “son un peligro para los comensales ante algún desperfecto mecánico o distracción de los conductores. Lo que no sabemos es quién o qué seguros cubren en la vía pública a los que ocupan esos balcones. ¿Quién se hace responsable por daños?”, se pregunta.
Mosso acota que escuchó decir a un agente de seguros de la ciudad, reproduce textual, “nosotros no aseguraríamos nunca esos balcones”.
Los comentarios que siguieron a la publicación también plantean otras cuestiones que son evidentes. En su momento los balcones eran un complemento estético, una ayuda a un momento de crisis y pensar los espacios públicos con mayor preponderancia de los peatones.
Sin embargo, con el paso del tiempo los mismos, de madera, no tuvieron el mantenimiento adecuado y en la actualidad no solo les falta una mano de pintura, sino que algunos casos se están cayendo a pedazos. Por entonces fue un aporte del Estado sin erogación para quienes eran beneficiados con los mismos, pero no está claro quién debería mantenerlos en condiciones, aunque parezca demasiado evidente.
Lo cierto es que ya por estética y por seguridad de las personas (física y sanitaria) que puedan ocupar esos lugares, los balcones no estarían cumpliendo con aquel propósito con el que fueron creados. Tal vez sea el tiempo de una decisión política, con la misma seguridad que se tuvo cuando se decidió su instalación.








