Casi una semana pasó para que alguno de sus pares de bancada saliera a respaldar al extitular de la UDAI del ANSeS. Pero no fueron sus nuevos compañeros ni aquellos que abonaron la idea de un nuevo bloque unificado sino su ladera, compañera de ruta desde los comienzos.

Silvia Di Leo, electa en el 2023 con el propio Mauricio Pollacchi, que sostuvo un bloque libertario hasta el 2025 con sus más y sus menos, puso la cara y la pluma para sostener el planteo realizado por su par y contener la embestida oficialista.

No es de esperarse demasiados protocolos ni terminología decorosa para poner primera y arrancar. Solo hay que empezar a dar lectura a su respuesta para comprobarlo. “Resulta que el kukardaje ha decidido incendiarse el cabello ante una propuesta que, en cualquier democracia funcional, sería de una obviedad casi administrativa. ¿Qué es exactamente lo que los exaspera?”, se preguntó en el comienzo.

Cuenta que un concejal (su eterno compañero de bancada) presenta un proyecto para que, en situaciones excepcionales, se destinen agentes de tránsito a custodiar cruces ferroviarios cuyas barreras estén averiadas. “Es decir: prevenir muertes evitables. Nada más. Y, sin embargo, la reacción fue la de quien escucha una herejía y no una medida de prudencia elemental”, continuó.

“No se pidió un tren futurista para la foto ni una inauguración rimbombante destinada a no concretarse jamás. No se solicitó poblar cada paso a nivel con funcionarios permanentes ni convertir a los agentes en estatuas vivientes del orden vial. Se pidió, simplemente, la posibilidad de actuar con criterio cuando la realidad lo exige. Ese es todo el escándalo”, arremetió.

“Por supuesto, aparece la excusa favorita de la política menor: la jurisdicción. Ese refugio burocrático donde se archivan las responsabilidades. Y, sin embargo, los mismos que invocan el diálogo como virtud republicana parecen olvidarlo cuando la cooperación interinstitucional podría salvar vidas concretas, no titulares. Bastaría voluntad para coordinar, capacitar, autorizar. Pero la voluntad suele ser lo primero que se extravía cuando no hay rédito electoral inmediato”, fustigó Di Leo.

Luego dice que lo verdaderamente revelador no es la discrepancia sino la desmesura retórica, “convertir una medida preventiva en un acto de demagogia o cinismo político es una caricatura que delata más nerviosismo que argumentos. Es la vieja costumbre de gritar «populismo» cuando lo que molesta no es la forma sino el contenido”.

También señala como un impedimento impostado el reclamo de recursos como si el dinero público fuese una herencia personal y no un fondo común que exige prioridades. “Se inauguraron obras que no se terminaron, se prometieron plazos que no se cumplieron y luego se invoca la épica para encubrir la contabilidad. La demagogia no es anunciar proyectos: es anunciar imposibles.

Mientras tanto, se habla de competencias y organigramas con una tranquilidad pasmosa, incluso cuando lo que está en juego es la vida de ciudadanos de carne y hueso. La política se vuelve entonces una competencia de culpas cruzadas, un deporte de irresponsabilidad compartida donde nadie pierde porque nadie asume”.

Buscando ese remate típico del léxico “dileista”, agrega que el Estado tiene funciones indelegables. Seguridad, justicia, defensa. “No son consignas; son obligaciones. Destinar recursos existentes de forma excepcional para evitar tragedias no es ideología: es administración responsable. Lo demás es ruido, grandilocuencia y lágrimas perfectamente ensayadas. Lágrimas de Zurdo. En síntesis: cuando una medida razonable provoca histeria, quizá el problema no sea la medida sino la pérdida de costumbre de la sensatez. Porque gobernar no es declamar; es prever. Y prever, en política, es una forma elemental de respeto”, finaliza.