Por el Prof. Giclis Santamaría, Venezuela
Suipacha, provincia de Buenos Aires, Argentina, ha sido el epicentro del encuentro para celebrar, como Provincia VedrunAmérica, la fiesta de aquel 26 de febrero de 1826, fecha en que Joaquina, junto a otras jóvenes, fundó la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna. Aquella semilla se ha convertido hoy en una gran familia.
Desde el viernes 27 fuimos llegando desde distintos países – Chile, Perú, Bolivia, Uruguay, Venezuela y República Dominicana – para unirnos al gran número de hermanas y laicos que comparten el carisma en el continente. El día 28, muy temprano, se sumó el gran contingente local para la jornada central de celebración.
La elección de Suipacha como sede cobró un sentido histórico profundo mediante el recorrido por las huellas de la Madre Leonor Maturana. Honramos en ella a la pionera que abrió sendas para la Congregación en este continente. El ambiente festivo – marcado por el color de los banderines, la hospitalidad de los kioscos y la alegría compartida en la plaza y el colegio – no fue un mero adorno, sino la expresión de una comunidad que se sabe bendecida y amada.
Ha sido una jornada para congregarnos y compartir como familia carismática Vedruna, unidos a tantas personas que celebran este Bicentenario a lo largo y ancho del mundo: algunos reunidos aquí, en esta tierra argentina; otros siguiendo la celebración a través de las redes sociales desde distintos lugares.
Celebramos 200 años de vida, dando gracias a Dios por Santa Joaquina y por tantas hermanas y personas que, a lo largo de estos dos siglos, han sostenido esta obra. Renovamos también el desafío de continuar la misión de la Iglesia, como soñaba Joaquina: “remediar las necesidades de los pueblos”.
En la Eucaristía, Mons. Jorge Eduardo Scheinig resaltó que la misión Vedruna se manifiesta hoy en tres campos fundamentales donde las hermanas y laicos sostienen la vida con audacia:
• Educación: Como herramienta de transformación y dignidad.
• Salud: Ofreciendo cuidado y consuelo en la fragilidad.
• Liberación de esclavitudes: El obispo reconoció especialmente la valentía de las hermanas al hacerse cargo de quienes sufren la «insania» y las múltiples formas de esclavitud contemporánea que despojan al ser humano de su libertad.
La espiritualidad de este Bicentenario nos revela que «quien ama, brilla». Esta luz no es propia, sino el reflejo de caminar decididamente hacia la Pascua. La teología de nuestra celebración nos enseña que sólo quien se deja amar por Dios es capaz de atreverse a dar la vida, renovando así el «brillo» que Joaquina legó a la Iglesia y que hoy se multiplica en cada gesto de entrega.
El Bicentenario no es una meta, sino un horizonte. Con este espíritu, el equipo provincial, representado por una joven argentina, realizó el envío simbólico de toda la juventud del continente. Estos jóvenes llevarán la llama de VedrunAmérica al Encuentro Internacional de Jóvenes Vedruna en Vic, España, conectando nuestras raíces con el futuro de la misión.
Concluimos este registro histórico con una profunda sensación de pertenencia. Como familia carismática, nos reconocemos en un camino de dos siglos de fidelidad que hoy se proyecta con esperanza.
Hacemos nuestras las palabras de gratitud que sellaron este encuentro: «¡Unidos como familia, damos gracias a Dios!».








