A sus 72 años, el histórico colaborador, exjugador e integrante de diversos cuerpos técnicos repasa su trayectoria, las enseñanzas de los grandes maestros y su incondicional amor por el club que lo mantiene activo día a día.
En el día a día del Club Juventud, hay figuras que trascienden los resultados dominicales para convertirse en parte del patrimonio emocional de la institución. Uno de ellos es, sin dudas, el «Gato» Farías. Vinculado estrechamente al fútbol durante toda su vida, Farías llegó al club en 2008 tras una extensa carrera como jugador que se prolongó hasta casi los 60 años. Hoy, desde su rol de colaborador incansable, es quien cuida cada detalle para que a los chicos no les falte nada.
Su historia con el fútbol es dilatada. Antes de su etapa en Juventud, Farías dejó su huella en Sarmiento entre 1981 y 1984, donde celebró varios campeonatos, y formó parte del recordado «Expreso Verde» de 1991. Su resistencia física lo llevó a jugar torneos de veteranos hasta una edad avanzada: «Tenía como 50 y pico de años casi» cuando dejó de jugar en Chivilcoy para sumarse al proyecto de Juventud.
Actualmente, su función es vital para el funcionamiento de las categorías del club. Se encarga de la utilería, de preparar la ropa y de acompañar a la tercera y a la primera división en cada compromiso como visitante. Para él, estar presente es una cuestión de principios que aprendió de figuras como «Chocolate» Diaz: «Para hacer grupo vos tenés que ir con ellos. Conversar, ir y venir… era lo que tenía Chocolate. Yo de él aprendí mucho».
El nexo entre generaciones
Farías ha integrado cuerpos técnicos junto a nombres como “Castofi” Boquín y el mencionado «Chocolate», dirigiendo incluso a la quinta y tercera división.
Con la llegada de Germán Hernández a la dirección técnica, el «Gato» se mantiene como una fuente de consulta y apoyo constante.
Según relata, su consejo para los que empiezan siempre apunta a la identidad y al orden táctico, reconociendo que «línea de tres le cuesta mucho a los chicos acá. Siempre juegan línea de cuatro».
A pesar de haber pasado por momentos de nerviosismo extremo, como las promociones por el descenso – donde confesó: «Yo no dormía de noche, me volvía loco» -, su pasión no disminuye. Esa intensidad es la que lo mantiene en pie a pesar de los años y las cirugías, incluyendo clavos en sus rodillas y una operación de próstata.
Para el «Gato», Juventud no es solo un lugar de trabajo, es su vida misma. Desde la mañana hasta la noche, se lo puede encontrar en las instalaciones del club, compartiendo con los jóvenes y recibiendo el afecto de todos, quienes lo conocen simplemente por su apodo. «Esto es lo que me mantiene. Si no, ¿qué hago en mi casa? Yo vivo acá», afirma con la convicción de quien ha encontrado su lugar en el mundo.
Lo comprobamos con el respeto que un pibe lo saludó cuando Nueva Tribuna le hacía esta nota. “Todos los chicos acá son así” -destacó el querido “Gato”, mientras aseguraba que para él Maradona es el mejor de todos los tiempos.
Con la mirada puesta en el futuro y la esperanza de ver a Juventud campeón nuevamente – recordando que el club suele coronarse cada diez años -, Farías bromea sobre su longevidad, “que no sabe si llegará” (risas) pero no piensa en retirarse.
Mientras las rodillas se lo permitan y el corazón siga latiendo al ritmo de la redonda, el «Gato» seguirá bajando pelotas de pecho en los entrenamientos y cuidando la mística del «Lechero» desde el vestuario.








