Con el lema “Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo”, Manuel recibirá la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo de Mercedes-Luján, Mons. Jorge Eduardo Scheinig, en una ceremonia que tendrá lugar en el corazón de la fe de los argentinos: la Basílica de Nuestra Señora de Luján, donde actualmente presta servicio pastoral como diácono, el 21 de marzo a las 11:00 horas.

La ordenación llega luego de completar su formación en el seminario Santo Cura de Ars, de Mercedes. Su comunidad de origen, en Suipacha, recuerda aún su despedida cuando partió para iniciar este camino, con la incertidumbre de lo nuevo pero con la certeza del “sí” que ya habitaba en su corazón.

En marzo de 2025, Manuel recibió la ordenación diaconal en Chivilcoy, etapa previa al sacerdocio, y ahora se prepara para el momento más importante: la tan esperada ordenación.

En este tiempo previo, asegura estar viviendo una experiencia espiritual particular. “Lo que experimento es una gran invitación de Dios a dejarme preparar por Él”, afirma. No se trata – dice – de una preparación “como para correr una carrera”, sino de una mayor profundidad en la relación con Cristo que lo lleva a estar más atento al “movimiento interior” que se da en la vida pastoral, en la oración y en su relación con los demás.

“Dios también te prepara a través de las personas con las que compartís la vida, en los diálogos, en los encuentros en el santuario, todo parece cobrar otro sentido”, reflexiona.

La Cuaresma le ha dado también un contexto para contemplar más profundamente el misterio de la cruz y el amor de Cristo, afirma. “Lo que vengo experimentando es el darse por amor a Dios en los hermanos, buscar ser otro Cristo que camina, ser puente entre Dios y los hombres”.

Para él, son días de “mucho gozo, paz e intensidad espiritual”. Una alegría que, asegura, también se refleja en la gente que lo rodea. “La gente te recuerda cuánto falta para el día de la ordenación: ‘Te quedan 20 días, te quedan 14’. No es solo mi alegría, es una alegría compartida”, reconoce.

Agradecido por tantas personas que rezan por él y por el don del ministerio sacerdotal, vuelve una y otra vez al ejemplo de María: “Que se haga en mí según su voluntad”, y  admite que el desafío será la fidelidad cotidiana. “Desde los límites humanos es imposible ser fiel, pero en Dios es posible renovar esa fidelidad todos los días, porque Él es fiel”.

 

La primera misa en su ciudad natal: un deseo especial

Tras la ordenación en Luján, su primera misa será ese mismo día en la Basílica a las 19. Sin embargo,  se muestra enfocado en una celebración especial: su primera Eucaristía “en casa”. Será el domingo 22 de marzo a las 20:00 en la parroquia Nuestra Señora del Rosario.

Al pensar en esa celebración, confiesa un deseo personal: que la invitación llegue a todo el pueblo.

“Uno es lo que es, en parte, por donde nació y se crió, por la sociedad en la que se formó y por su familia”, señala. Por eso expresa un profundo agradecimiento a la comunidad suipachense, donde —asegura— aprendió valores como la solidaridad, la comunión y la importancia de las raíces culturales.

“Muchas veces experimenté en Suipacha la importancia de estar juntos, de luchar por el bien, de valorar lo simple y de cuidar aquello que forma parte de nuestra identidad. Todo eso me hizo mucho bien”, afirma.

Por eso insiste en que lo más importante para él es “que la invitación llegue a todos”. En ese sentido, convoca especialmente a la comunidad parroquial que lo acompañó durante su camino vocacional, “que me ha acompañado con su oración, o en alguna necesidad en tiempo del seminario, en los momentos difíciles, en los momentos de alegría también, una comunidad que ha estado presente de distintos modos, desde lo afectivo, desde lo espiritual, desde lo personal”.

Sin embargo, subraya también la importancia de hacer extensiva la convocatoria a quienes no participan habitualmente de la vida de la parroquia.

“Quiero invitar a todos aquellos que buscan a Dios, que buscan hacer el bien. En Suipacha existe esa característica de acompañarse cuando alguien tiene un problema, de sensibilizarse por el dolor del otro. Todos los que quieran participar, que se sientan invitados”, sostiene.

Para el futuro sacerdote, este acontecimiento puede ser también una oportunidad espiritual para la comunidad. “Creo con el corazón que este momento puede ser una invitación a renovar la fuerza de Dios que nos habita, a dejarnos renovar interiormente para seguir afrontando la vida con la luz y la fortaleza que Él nos regala”.

Luego de la celebración eucarística, la fiesta continuará de una manera muy propia del espíritu comunitario de nuestro pueblo: habrá una cena a la canasta y una guitarreada – como le gusta a Manuel- para seguir compartiendo esta gran alegría.

Mientras se acerca el día de su ordenación, Asenzo vuelve a pedir algo sencillo pero profundo: oración. “Me sigo encomendando a las oraciones de todos, pidiéndole a Dios poder dejar que mi corazón se configure al suyo. Para que quien se encuentre conmigo pueda encontrarse con el Señor. Que yo disminuya para que Él crezca, para que el amor de Dios se siga derramando en los corazones”, anhela.