Giuseppe Petrotta es un destacado profesional en el mundo de la competición automovilística. Fue el ingeniero que dio vida a la selecta Ferrari Enzo y comandó los triunfos de la marca italiana en Le Mans. Es casado con una mercedina y se encuentra descansando en nuestra ciudad.
En cada persona, en cada vida, siempre hay historias para contar. Algunas resultan mas interesantes que otras. Tal vez porque reflejen esa idea de concretar lo que uno quiere, lo que uno sueña. Abrazar eso que alguna vez imaginó cuando niño, ese propósito de poder vivir de lo que uno quiere o anhela. Quienes han podido hacerlo suelen decir que cuando uno puede asociar la pasión con el trabajo, todo es más fácil.
Buena introducción para meternos en la vida de un italiano, un romano, que en un momento de su vida agregó a su mapa la República Argentina como un país para mirar con mayor atención. Y dentro de ese mapa a la provincia de Buenos Aires y a la ciudad de Mercedes, donde se encuentra descansando.
Estamos hablando de Giuseppe Petrotta, un ingeniero reconocido en el mundo de la industria automotriz como de los más innovadores y prestigiosos que existen. Cerca de cumplir 70 años no piensa en alejarse de los motores, del diseño, de la competición. Es probable que por sus venas corra algo de combustible y sea esa metáfora lo que mantiene su amor por los automóviles.
En la actualidad es una de las referencias del AF Corse, un equipo especializado en gran turismo y sport prototipos que está vinculado a la familia Ferrari, allí donde también fue parte de la Fórmula 1 en tiempos donde al volante de una de esas unidades estaba nada menos que Michael Schumacher.
Petrotta se cruzó en la vida, hace unos treinta años, con Patricia Manganiello, una mercedina con la que formó una familia. En una pausa en la intensidad de sus días ha elegido esta ciudad para aclarar su mente, recargar energía y volver al frenético mundo de las cuatro ruedas.
Protagonistas mantuvo una más que interesante charla con este ingeniero que entiende casi a la perfección el castellano, pero que se expresa en su propio idioma. Pero si algo se nos perdía en el camino allí estaba Sergio Bustos, un amigo de Giuseppe que está vinculado familiarmente con esta ciudad. Ambos comparten afecto por el golf y eso hizo que el encuentro se produjera en la sede del campo mercedino que alberga esta actividad deportiva.
Allí, bajo los árboles, Giuseppe está esperando junto a Sergio. Disfrutando de la tranquilidad de la naturaleza, del grato silencio de un viernes al mediodía. Lejos de esos rugidos que resuenan en sus oídos desde hace más de 40 años.
Con un vapeador en mano y sus piernas cruzadas, Giuseppe espera las preguntas para volver a meterse en ese mundo selecto que conoce a la perfección. Puede exhibir en sus palmares importantes logros. En el AF Corse como director general del proyecto Ferrari 499p ha conseguido ganar Le Mans en los últimos tres años, como lo ha conseguido en otras tantas ocasiones con otros modelos.
Es uno de los padres de la Ferrari Enzo, un automóvil del que solo se fabricaron 400 ejemplares y ha sido considerado por la prensa especializada, como uno de los mejores autos deportivos de la historia. Esto le valió incluso algunas distinciones. Pero antes de llegar a Maranello, la casa del “cavallino rampante”, Petrotta supo ser diseñador y director técnico del Osella en la F1 y también pasó por Alfa Romeo con desarrollos relevantes en el Gran Turismo.

Durante la agradable conversación, que se extendió por más de una hora, creímos interesante remontarnos a los tiempos en que Petrotta era un “bambino”, un niño que jugaba con autitos. Vaya cosa del destino que uno de sus preferidos en su Roma natal, era la Ferrari que había ganado Le Mans en 1966. Por supuesto que no estaba en la imaginación de ese niño que casi 60 años más tarde, algún pibe podría estar jugando o imaginando el futuro, con un auto que el mismo Giuseppe llevó a ver la bandera a cuadros en tierra francesa en una de las carreras más prestigiosas que conoce el mundo del automovilismo deportivo. “Cuando el trabajo se corresponde con la pasión es una cosa mejor”, suelta Petrotta como una definición de ese apasionado camino que lo llevó al lugar donde hoy se encuentra.
Pero era su objetivo, su norte. Porque al finalizar sus estudios superiores e ingresar a la universidad, comenzó a definir su futuro que navegaba entre la ingeniería en el mundo de la Fórmula 1 y la fotografía. Un desafío personal de un joven soñador que se planteaba ser parte de ese mundo. Con 24 años consiguió arribar a la meta. Se define como un afortunado, viajó a Londres y golpeó puertas en Williams y en Tyrrell. Seguía la categoría a través de los periódicos por considerar que ahí estaba el máximo nivel de tecnología, mucho más interesante que los autos de serie o de calle.
Permaneció en la F1 hasta 1992, un mundo que en la actualidad considera diferente. “Todos los equipos hoy son más cerrados, cuando estaba yo compartíamos información con el resto”, cuenta. Desde entonces la sigue como un espectador más y sus esfuerzos están puestos en el “endurance” o el Gran Turismo.
Giuseppe Petrotta habla de los autos como si fuesen sus hijos. De hecho, algunos lo son, pues nacieron desde una hoja en blanco y forman parte de sus creaciones. Los imaginó, los creó, les dio vida, a lo largo de muchas décadas. Desde tiempos en los que no existían las computadoras o los celulares, cuando la telemetría podía ser parte de una película futurista, del mismo modo que un método de comunicación directa de un equipo con su piloto. En la actualidad hoy todos cuentan con las mismas herramientas tecnológicas, pero asimismo Petrotta se sigue erigiendo como una referencia en el mundo del automovilismo con un bagaje de experiencia que pocos pueden exhibir.
En pocos días regresará a Italia, con su esposa mercedina, para volver a ese universo que conoce y lo reconoce. En esa pausa y en su paso por Argentina nos regaló un poco de su tiempo para respirar el máximo nivel del automovilismo, que es su trabajo, su gran responsabilidad, pero esencialmente su enorme pasión.








