(Por W.A)
Lo importante en política es muchas veces no perder el hilo de lo que sucede en la ciudad, no alejarse del contacto con los ciudadanos, no irse a casa solo a descansar y esperar que llegue la rosca para un nuevo armado de lista y por ende que se aproxime una nueva elección.
Esto suele suceder con muchos concejales cuando finalizan sus mandatos. Tras hacer el balance eligen si lo volverán a intentar, si le dicen adiós a la actividad o si deciden seguir enfocando esfuerzos en mirar lo que pasa a sus alrededores.
Pareciera lo más conveniente para todos. Es decir, para ese concejal que ha terminado su mandato, como para los propios ciudadanos que tienen al menos otras voluntades que se buscan sumar a sus problemas cotidianos. No tengo idea quién habrá acuñado esa frase o la ha dicho por primera vez, pero no hace falta tener una banca en el HCD para seguir trabajando por la comunidad.
Porque luego para pedir acompañamiento en una elección hay que mostrar merecimientos, que no llegaron allí por contactos de dirigentes encumbrados. Más bien por esa razón algunos sucumbieron.
No son pocas las oportunidades en las que renegamos de la dirigencia que nos representa. Hagamos aquí una pausa y pensemos en dos cuestiones. La primera de ella es que es el pueblo, es decir nosotros, los que a través del voto decidimos quién ocupa, por ejemplo, una banca en el Concejo Deliberante.
El segundo aspecto es: ¿analizamos con cierto detenimiento quienes son esas personas que mañana van a representarnos? Porque muchas veces su historia nos puede indicar que harán cuando les toque asumir responsabilidades institucionales. Y no se trata de poner un sesgo discriminatorio con aquel vecino que de “golpe y porrazo” decide participar en política, eso también es importante, puesto que todos merecen una oportunidad.
Su compromiso comunitario en el pasado es para quien escribe, un valor fundamental, un activo innegociable. Es decir que si alguien me pide su voto debo saber quién es y qué quiere hacer, integre la lista o la fuerza que sea.
No se puede soslayar que más allá del ejercicio democrático que acabamos de proponer existen algunos condicionantes, especialmente en los partidos o frentes tradicionales, que son las estructuras partidarias.
Es común en los distritos que cuando alguien recibe una bendición de “arriba” suele ocupar espacios de privilegio muchas veces sin merecerlo. Ejemplos sobran y en todos los sectores. Y el que esté libre de pecados que arroje la primera piedra.
Si el viento sopla desde un cuadrante la figura principal puede ser una y si ese viento cambia esa figura puede ser sustituida sin tener siquiera en cuenta cómo es el ordenamiento distrital. Son pocos los que se revelan a esa “injusticia” política porque entienden o saben a ciencia cierta que pueden pagarlo muy caro.
Por eso es destacable que concejales o funcionarios que siguen con el radar prendido, ocupándose de los problemas de los vecinos, sea a través de peticiones particulares, proyectos que puedan acercar a sus propios espacios con representación institucional, o utilizando la vía de las redes sociales; debe mirarse con buenos ojos.
No faltará aquel que pensará que es una postura interesada, que busca seguir marcando posicionamiento en el escenario de la vida política y tal vez razones no le falten para fundarlo o confirmarlo. Pero al menos están, no se quedan entre cuatro paredes mirándose el ombligo como si nada sucediera y lo único que puede importarles es su situación individual.
Después llegaran los tiempos electorales y será oportuno hacer un repaso de lo que ha sido la vida de un dirigente durante su “letargo institucional”. Es posible que algún aspecto de la calidad que se reclama para las instituciones pueda cambiar, aunque sea un poquito, aunque sea un pasito más adelante. Será bastante más que nada o que un retroceso como se está viendo a nivel país, provincia o ciudad.








