El pasado domingo 14 de noviembre, nuestra comunidad parroquial se unió para la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.
Realizamos un sentido camino, una procesión solemne que nos llevó desde el Cementerio local, lugar de la memoria y el descanso, hasta nuestro Templo Parroquial. Cada paso fue una oración silenciosa y un signo visible de la Comunión de los Santos.
En este gesto, la comunidad manifestó su fe inquebrantable: nuestros seres queridos no han desaparecido, sino que nos han precedido en el camino hacia el Padre. La posterior Eucaristía fue el culmen de nuestra oración, donde renovamos la esperanza en la Resurrección y en el encuentro definitivo con Cristo.
Recordar es volver a pasar por el corazón. Que la luz de Cristo resucitado ilumine a quienes ya gozan de la Vida Eterna y conforte a quienes caminamos aún en este mundo.
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Jn 11,25)








