El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Scheinig, ofreció una profunda reflexión sobre la figura del Papa Francisco, a quien definió como «un profeta para nuestros días», en un artículo publicado en Infobae.

En su texto, de acuerdo a lo expresado por la Agencia de Información Católica Argentina, el prelado explicó que los profetas no son quienes predicen el futuro, sino quienes perciben y transmiten el sentir de Dios. En esa línea, afirmó que Francisco encarnó ese profetismo al expresar con valentía lo que discernía en su corazón, aun a costa de incomprensiones y críticas.

Monseñor Scheinig subrayó que el Papa «no pudo ni quiso callar», porque el silencio habría significado una infidelidad a su misión. Por el contrario, eligió exponerse y entregar su vida en el anuncio del Evangelio, al asumir el riesgo de no ser comprendido.

Entre los ejes centrales de su pontificado, el titular de la arquidiócesis destacó la preocupación por la «Casa Común» y por los pobres, a quienes el Papa supo escuchar y dar voz. En ese sentido, señaló que Francisco percibió el clamor de la creación herida y de las personas más vulnerables, y lo convirtió en un llamado urgente a toda la humanidad.

El arzobispo también destacó el coraje del pontífice para denunciar a los poderes económicos y políticos responsables de la explotación, la injusticia y las guerras. Señaló que el Papa los enfrentó sin temor, exigiendo cambios concretos y convocando a la oración y al ayuno como caminos de transformación.

Asimismo, puso en valor el legado doctrinal de sus encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti, en las que propuso una mirada integral sobre el cuidado del ambiente, la fraternidad y la amistad social.

Monseñor Scheinig resaltó la cercanía pastoral de Francisco, incluso frente a quienes lo cuestionaron dentro de la Iglesia, respondiendo con humildad y gestos que favorecieron la unidad.

En el tramo final, evocó la imagen del Papa rezando solo en la plaza San Pedro durante la pandemia de COVID-19, como signo elocuente de esperanza en medio de la fragilidad humana. «Nadie se salva solo», recordó, citando una de las expresiones más significativas de su magisterio.

A un año de su fallecimiento, el arzobispo invitó a hacer memoria agradecida de su vida y testimonio, destacando la coherencia entre su palabra y su entrega. «Su voz sigue vigente», afirmó, reconociendo en él a un enviado de Dios que dejó una huella profunda en la Iglesia y en el mundo.