En una celebración eucarística realizada hace algunos días en la Basílica de Nuestra Señora de Luján junto a la comunidad venezolana, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Scheinig, reflexionó sobre la importancia de establecer prioridades en la vida, cuestionó los efectos de la corrupción en la sociedad y manifestó su cercanía con las víctimas del reciente terremoto que afectó a Venezuela.

Durante su homilía, el prelado sostuvo que las prioridades de cada persona terminan moldeando su manera de vivir. En ese marco, señaló que la propuesta de Jesús es colocar a Dios en el primer lugar, ya que ese vínculo permite ordenar la vida y fortalecer el amor hacia los demás.

«Si Dios ocupa el primer lugar, el corazón se transforma para amar mejor», expresó Scheinig, al explicar que una fe auténtica también se refleja en las relaciones familiares, el compromiso con el prójimo y la responsabilidad social.

Al trasladar esa reflexión al plano público, el arzobispo advirtió que la corrupción aparece cuando el interés personal desplaza al bien común. «Hemos visto personas que priorizaron salvarse y la plata por encima del bien común», afirmó, para luego remarcar que «la corrupción mata» porque deteriora las instituciones y favorece la impunidad.

Scheinig sostuvo que esa impunidad se consolida cuando distintos sectores con poder encubren hechos de corrupción o cuando quienes deben impartir justicia no cumplen con su función. En ese contexto, afirmó que quienes actúan de esa manera evidencian que Dios no ocupa un lugar central en sus prioridades, aun cuando practiquen exteriormente la fe.

Asimismo, indicó que poner a Dios en el centro de la vida implica también un cambio en la conciencia y en la conducta ética, haciendo que las personas sean más sensibles frente al bien y al mal.

En el tramo final de la celebración, el arzobispo hizo referencia al dolor que atraviesa el pueblo venezolano tras el terremoto registrado en ese país y llamó a no permanecer indiferentes frente al sufrimiento de quienes padecen una tragedia. Recordó la imagen de un niño que quedó solo tras el desastre y señaló que escenas de ese tipo invitan a revisar las verdaderas prioridades de la vida.

En ese sentido, aclaró que los fenómenos naturales no responden a una decisión divina, sino que forman parte de la dinámica propia de la naturaleza. Sin embargo, sostuvo que la presencia de Dios en el corazón de las personas ayuda a mantener viva la compasión y la solidaridad con quienes sufren.

Finalmente, convocó a acompañar al pueblo venezolano mediante la oración y también con gestos concretos de ayuda hacia quienes más lo necesitan.

La misa concluyó con una oración especial por el papa León XIV, por la Iglesia, por la arquidiócesis de Mercedes-Luján, por los gobernantes, los enfermos y, especialmente, por las víctimas del terremoto en Venezuela, sus familias y quienes participan de las tareas de asistencia.