“Durante años fue apenas un hilo de agua manso, serpenteante y castigado, donde la vida parecía haberse retirado en silencio. Hoy, en cambio, el Luján ofrece una postal impensada no hace mucho tiempo: peces que regresan, cañas clavadas en la orilla, familias enteras buscando un poco de sombra mientras pasan horas a metros del cauce”. Así expresa una nota de Gustavo Charino, periodista del medio colega El Civismo de Luján que fue levantada por diferentes medios de la región y también a nivel nacional.
El trabajo periodístico destaca el regreso de la fauna ictícola a las aguas bajas y poco caudalosas del río Luján y que ello se transformó en un imán irresistible para los amantes de la pesca recreativa. “Bagres, mojarras, sábalos y viejas del agua volvieron a hacerse visibles, y con ellos regresaron también los pescadores, los curiosos y quienes simplemente buscan consumir tiempo al aire libre, en contacto con una naturaleza que da señales concretas de recuperación”, destaca.
El colega lujanense considera que la explicación de este fenómeno no responde a una sola causa. “Especialistas coinciden en que un río contaminado, donde durante años no hubo peces y vuelve a tenerlos, suele ser por una combinación de factores”, dice.
El principal, refleja, es el descenso de la contaminación: la disminución o el cese de descargas industriales, un menor uso de agroquímicos aguas arriba y un mayor control ambiental. “No siempre se trata de una descontaminación total, sino de una recuperación lo suficientemente significativa como para que la vida vuelva a intentar instalarse”, manifestó.
A ello se suma una mejora en el oxígeno del agua y, cuando esto sucede, los primeros en aparecer son los peces más resistentes, aquellos capaces de tolerar condiciones adversas. “No hace mucho, incluso, el propio intendente Leonardo Boto compartía en sus redes sociales un video donde observaba un cardumen de pequeños peces nadando en el río Luján, una imagen celebrada como símbolo de recuperación ambiental”, destacó.
Pero, su sorpresa mayor llegó hace algunos meses, cuando pescadores comenzaron a dar cuenta de capturas poco habituales para este curso de agua de llanura. “Dorados pescados debajo del Puente Mendoza y hasta cachorros de surubí en la zona del Puente de los Huesos, especies más propias del Paraná que del Luján, despertaron asombro y entusiasmo”, asegura el periodista de El Civismo. “Las crecidas y la conexión con otros cursos de agua durante períodos de lluvias intensas explicarían, en parte, esta recolonización inesperada, dicen aquellos que conocen de estos temas”, comenta entre algunas anécdotas de pescadores ocasionales.
Agrega el artículo que la obra que ensanchó los márgenes del río arrasó con la vegetación existente, dejando una costa amplia, ancha y propicia incluso para el ingreso de vehículos de aquellos que deciden ir a tirar las cañas, como sucede en el paseo de la ribera en Mercedes.
“Mientras tanto, el Luján sigue su curso lento y sinuoso. Y en sus orillas, entre cañas, anzuelos, bicicletas, motos, autos y caminantes, la vida vuelve a abrirse paso por un sector hasta no hace mucho, inimaginado”, describe el periodista lujanense. La pregunta que se nos ocurre es saber si en el tramo del río que atraviesa nuestro partido se produce una realidad parecida a la que se describe en la nota. Sería otro buen síntoma.








