Confiesa que lee más de lo que escribe. Presentará “Medusas y Colibrís”, su nueva obra. Valora el pensamiento lógico y crítico.

Alba Cosentino presentará en septiembre “Medusas y Colibrís”, su nueva obra de puño y letra que ya está rondando en pdf por las editoriales y que verá la luz en breve.

Le dicen “Negra”. “Por razones obvias. No han sido muy originales con mi apodo. También se me conoce como Albita, un diminutivo de mi nombre. Y a mí me gusta”, confesó.

Nació el 4 de julio de 1959 en Mercedes. Hija de Raúl Cosentino, un célebre conocido en la ciudad porque fue boxeador y entrenador de boxeadores. “Fue un hombre que me marcó la vida porque era honesto y trabajador. Un tipo con chispa que a pesar de tener hasta séptimo grado, su poesía me marcó. Tengo poesías de él de 1947. Él nació en el ´24, así que era un joven con aspiraciones deportivas y vocación poética”, deslizó Albita. Su madre es Marta Peralta. Trabajó de modista toda la vida en una fábrica que se incendió en nuestra ciudad. Alba tiene tres hijos: Daniela (46), Licenciada en Medios y Comunicación Social que trabaja en la Dirección de Comunicaciones del Mercosur, con residencia en Montevideo, Uruguay y con una hija, Nina. Franco (38) vive en Mercedes y trabajó en la fábrica de alimentos de Gowland, expulsado de la fábrica por un accidente en un brazo, casado y con dos hijos Bruno y Lolo. Por último, “Albita” tiene un hijo menor, Guido, que vive en Bariloche en pareja con Belén. “Ellos son mi vida”, confesó.

La Escuela Primaria la hizo en la Escuela Normal. “Soy Normalista”, dice Alba y agrega: “es lo que nos define a los que estudiamos en la Escuela Normal”.

Terminada la etapa escolar, se dedicó a estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires, pero no finalizó la carrera. Corrían los años ’70. “Linda época para estar en la Facultad”, dice irónicamente.

-¿Cómo empezaste a escribir?

– Sería mejor preguntarse cómo empezó la escritura conmigo. Porque es algo que no sé. Soy de una generación que se comunicaba a través de cartas. Porque no había teléfonos a larga distancia. Si había una amiga que se iba de vacaciones era la carta las que nos conectaba. Y a través de las cartas conocíamos a alguien de otra ciudad. Si tenía que decirle algo a alguien lo escribía. Mi arma es una lapicera o un lápiz. Es mi forma de comunicación. Mayormente, escribo poesía. Es donde mejor me siento escribiendo porque la poesía es un quitapena para mí. Donde puedo sacar lo más oscuro. Donde me salvo escribiendo, aunque leo poca poesía, debo decir. Hago taller de poesía para conectarme con los que saben escribir poesía como se debe.

“En esos talleres descubrí a Rosario Castellanos, mexicana, una de mis favoritas. Me conmueve su poesía. Las oscuridades de Alejandra Pizarnik es encontrarme, muchas veces, en esas letras tormentosas que tiene. Esa búsqueda continúa de Pizarnik a través de las palabras. Me gusta el idioma castellano. Me encanta. Soy de leer mucha narrativa”.

-¿Publicaste alguna obra?

-No tengo libros publicados. Sí he participado de antologías. Una que se llama “Por la noche oí un rumor”, otra que se llama “Todo de tiempo y viento”. Y la última que se llama “Ay, amor” que se publicó para los 25 años del taller “Los Imagineros” que coordina Adriana Petrigliano, riojana. Y esa antología se presenta el sábado 25 de abril en la Feria del Libro. Pero libro propio tengo un Poemario completo del que le falta la edición papel. Se llama “Medusas y Colibrís”.

-¿Dónde te formaste?

-Yo creo que me formé en la Escuela Normal. Alberto Igon fue mi precursor. Pensar es como andar en bicicleta. Es todo un recorrido que de a poco se aprende. El pensamiento lógico y crítico. Se lo he agradecido siempre. Mónica Tirone me abrió las puertas de la literatura americana. Hoy ya es mi amiga. En un año difícil, el ´76, la tuvimos de profesora de literatura. Todo un desafío para esos tiempos.

-¿Qué proyectos tenés para este año?

-El proyecto para este año es presentar “Medusas y Colibrís” acá en Mercedes. Hacerla nacer del todo. Ya está en formato digital y maquetado el libro en pdf. Sólo resta imprimir. Calculo que para septiembre voy a hacer la presentación. Otros de los proyectos es seguir con los talleres. Ir escribiendo. Juntar material para un próximo poemario. Y es estar conectada con la literatura. Y en estos tiempos de desgracias globales, la literatura, para mí, significa una forma de vivir en otros mundos, otros cuerpos, situaciones, es escapar y volar. Una ventana abierta a la libertad. La lectura es eso.