Como ya es tradicional, la conducción de Humberto Perdiguero, secretario general de la UOM Seccional Mercedes, llevó adelante el gran almuerzo para casi 400  trabajadores de  Mercedes, Carmen de Areco y Suipacha, en su predio recreativo.  Acompañaron el encuentro el intendente municipal, Juan Ignacio Ustarroz; la presidenta del Concejo Deliberante, Mariana San Martín; el secretario de Relaciones con la Comunidad, Fernando Masson; el responsable de Servicios Públicos, Luis Ponce y el exintendente Carlos Selva.

En una extensa mesa de camaradería se disfrutó de un excelente asado, la animada actuación de  la cantante Fernanda Ottolini, hubo diversos sorteos y se entregaron plaquetas a dos metalúrgicos recientemente jubilados: Reynaldo Aranda de Metalúrgica Mercedes y Jorge Osvaldo Toledo de Sanmartín.

Encendido discurso de Perdiguero

“Compañeros, queridos trabajadores metalúrgicos, hoy es 7 de septiembre, debería ser un día de celebración, de orgullo, de encontrarnos para brindar por el esfuerzo diario de transformar el metal en progreso. Pero seamos honestos y hablemos de frente. Hoy no hay margen para los festejos vacíos. Hoy nos encuentra de pie, sí, pero con el corazón apretado. La mirada fija en una realidad que golpea sin piedad a nuestras familias y a nuestras fábricas.

Miremos a nuestro alrededor lo que hoy estamos viviendo. No es una crisis más, es un plan sistemático de desmantelamiento e industricidio. Estamos parados frente a políticas feroces de destrucción del empleo y de abandono de la producción nacional. Vivimos en un país donde parece que abrir las importaciones para que entre producción de afuera vale más que el sudor de un tornero, de un soldador, de un matricero o de un fundidor argentino.

Detrás de cada persiana que se baja, detrás de cada pyme familiar que tiene que apagar los hornos o  los motores porque ya no puede sostener los costos o porque se quedó sin clientes, no hay números de una planilla de Excel: hay nombres y apellidos, décadas de historias. Hay saberes que se transmitieron de abuelos a hijos y que hoy corren el riesgo de desaparecer. Cuando una empresa metalúrgica cierra, no solo se pierde capital: se destruye el tejido de una comunidad, se apaga la mística del mameluco y se condena a la desocupación a hombres y mujeres que lo único que piden es el derecho a ganar el pan con dignidad. Sabemos lo que significa no dormir pensando en cómo aguantar la incertidumbre y el tener que  perder el trabajo ante este escenario de desamparo. Nos desprotegieron a propósito, nos sacaron la defensa, no nos dijeron más que “arréglense como puedan” mientras le subían la luz a las fábricas y los talleres un 400%. Les sacaron los remedios y el plato de comida a nuestros jubilados. Enfriaron la economía y el consumo se cayó a pedazos. ¿Quién va a comprar una cocina, una herramienta, un fierro si la gente no llega a fin de mes y no tiene para comer? Eso no es libertad. Libertad es tener trabajo para los argentinos. Libertad es tener un salario digno. Libertad es que tu hijo quiera ser metalúrgico como vos y no que tenga que irse a Ezeiza a buscar un futuro afuera. Hoy cada puesto de trabajo que se pierde en la metalmecánica es una apuñalada a la patria, porque somos nosotros los que hicimos este país. Lo hicimos a martillazos, a soldadura, con las manos quemadas y la espalda doblada, y hoy nos quieren hacer creer que sobramos. No sobra ningún metalúrgico…. Sobra la entrega, sobra la sumisión, sobran los cipayos que aplauden cuando cierra una fábrica nacional.

Por eso, compañeros, hoy más que nunca tenemos que decirlo con total claridad y sin que nos tiemble la voz: estamos firmemente en contra de la intervención judicial a nuestra organización. Nuestra dignidad no se negocia en un juzgado ni detrás del escritorio del poder de los tribunales. La Unión Obrera Metalúrgica es, fue y será siempre de los trabajadores y las trabajadoras.

En este día de dolor, yo les pido que transformemos la angustia en bronca y la bronca en lucha. Que se escuche fuerte desde esta seccional del interior hasta la última fábrica del país. No nos van a fundir, no nos van a hacer olvidar lo que somos. Somos UOM, somos la columna vertebral del movimiento obrero argentino y de esta salimos como salimos siempre: unidos, abrazados y peleando por el que se quedó sin trabajo y lo vamos a volver a meter en la fábrica, por la pyme que está aguantando con la persiana a media asta, por nuestros viejos que nos enseñaron el oficio y por nuestros hijos para que no tengan que agachar nunca la cabeza.

¡Viva el trabajador y la trabajadora metalúrgica! Aunque nos quieran ver de rodillas, vamos a vivir de pie. ¡Viva la industria nacional! ¡Viva la UOM!”