Los guisos y cazuelas llegaron al país de la mano de los españoles. Esas viejas recetas se fueron mestizando con las de los aborígenes, que las preparaban con productos autóctonos. En un comienzo se hacían en la famosa morocha argentina, una olla que iba adoptando su clásico color negro, porque se la colgaba del dintel del hogar a leña o se la colocaba en la hornalla de la cocina económica que no se apagaba nunca. Siempre había un plato caliente para reconfortar cuerpos y almas. Para recuperar esos tiempos.
Ingredientes
1 pollo asado
2 cebollas
1 morrón
1 taza de cebolla de verdeo
5 choclos
750 g de zapallo
Caldo de pollo, si fuera necesario
1 pera grande
4 cucharadas de aceite
Sal y pimienta negra de molinillo a gusto
Pimentón a gusto
Orégano a gusto
1 hoja de laurel
Preparación
Desmenuzar el pollo en tiritas. Picar las cebollas, el morrón y el verdeo. Desgranar los choclos frescos, raspándolos con el cuchillo. Pelar el zapallo y rallarlo con los agujeros gruesos del rallador. Pelar la pera y cortarla en cubitos.
Freír las cebollas y el morrón en una cacerola gruesa con el aceite. Agregar el pollo y el caldo y condimentar con sal, pimienta, pimentón, orégano y la hoja de laurel.
Incorporar a la cacerola el zapallo y cocinar lentamente, unos 45 minutos, revolviendo hasta que la preparación se deshaga (sumar caldo solo si se seca)
Agregar el choclo y la pera y cocinar unos minutos más. Retirar y servir en cazuelas.








